Managua, 31 de mayo.- El exdiputado y reconocido líder indígena miskito Brooklyn Rivera, considerado por organismos internacionales como un preso político del régimen de Nicaragua, falleció este domingo a los 73 años tras sufrir graves complicaciones de salud durante casi tres años de detención.
La noticia fue confirmada por el Ministerio de Salud de Nicaragua mediante un comunicado difundido por medios oficialistas, en el que se informó que Rivera murió luego de presentar un severo deterioro físico y neurológico.
Según la versión oficial, las complicaciones médicas estuvieron relacionadas con una infección bacteriana derivada de secuelas asociadas al COVID-19. Las autoridades aseguraron que el dirigente indígena recibió atención médica especializada y que se realizaron “intensos esfuerzos” para salvarle la vida.
Rivera permanecía hospitalizado desde el pasado 7 de marzo en una unidad de cuidados intensivos de un centro médico de Managua debido a problemas respiratorios que se agravaron en las últimas semanas. Días antes de su fallecimiento, el gobierno había reconocido públicamente que su estado era crítico y difundió imágenes del líder conectado a un respirador artificial.
La muerte de Rivera ha generado nuevas críticas hacia el gobierno encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes enfrentan constantes denuncias por presuntas violaciones a los derechos humanos y persecución contra opositores políticos.
Un símbolo de la lucha indígena en Nicaragua
Brooklyn Rivera fue durante décadas una de las principales voces de las comunidades indígenas de la Costa Caribe nicaragüense. Como fundador y dirigente de YATAMA (Yapti Tasba Masraka Nanih Aslatakanka), defendió los derechos territoriales, culturales y políticos de los pueblos originarios, especialmente del pueblo miskito.
Su detención ocurrió el 29 de septiembre de 2023 en la ciudad de Bilwi, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte. Desde entonces permaneció bajo custodia estatal sin que las autoridades hicieran públicos de forma clara los cargos presentados en su contra.
La organización Amnistía Internacional lo catalogó como un “preso de conciencia” y exigió reiteradamente su liberación inmediata, al considerar que su encarcelamiento tenía motivaciones políticas.
Acusaciones de traición y reclamos internacionales
Aunque el gobierno mantuvo durante largo tiempo un fuerte hermetismo sobre su situación judicial, informes difundidos por organismos internacionales señalaron que Managua reconoció ante la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que a Rivera le había sido retirada su inmunidad parlamentaria para investigarlo por presuntos delitos considerados graves, entre ellos traición a la patria.
La situación del dirigente indígena también provocó reacciones de la comunidad internacional. Estados Unidos había solicitado públicamente su liberación y organizaciones defensoras de derechos humanos denunciaron reiteradamente el deterioro de su estado de salud mientras permanecía detenido.
Con su fallecimiento desaparece una de las figuras históricas más influyentes de los pueblos indígenas de Nicaragua y una de las voces más críticas frente al gobierno sandinista en los últimos años.








