Londres, 12 may.- El primer ministro británico Keir Starmer ha asegurado a su gabinete que no tiene intención de dimitir, pese al aumento de las tensiones internas en el Partido Laborista y las crecientes voces que piden un cambio de liderazgo inmediato o la fijación de un calendario de salida.
Según declaraciones difundidas por su oficina, Starmer defendió que el partido “dispone de un mecanismo para cuestionar la autoridad de un líder”, aunque subrayó que dicho procedimiento no ha sido activado, en referencia al umbral de 81 diputados necesarios para forzar unas primarias internas.
La situación política del dirigente laborista se ha visto tensionada tras los malos resultados en elecciones locales en Inglaterra, Escocia y Gales, lo que ha intensificado las críticas dentro de su propia formación. Algunos medios británicos, como la BBC, han informado de que entre 75 y 80 diputados habrían mostrado ya su descontento, acercando al primer ministro a una posible votación interna de confianza.
Starmer reconoció que las últimas 48 horas han sido “desestabilizadoras para el Gobierno” y advirtió de que esta inestabilidad tiene un coste económico para el país, aunque insistió en que seguirá en el cargo amparándose en las normas internas del partido.
En paralelo, el Ejecutivo ha vivido su primera baja relevante con la dimisión de la secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local, quien expresó su desacuerdo con la gestión del primer ministro y pidió públicamente un calendario de salida.
La crisis interna coincide con la inminente celebración del llamado “discurso del rey”, uno de los momentos clave del calendario político británico, en el que se fijan las prioridades legislativas del Gobierno para el próximo año.
Pese a la presión, el entorno de Starmer asegura que la mayoría de ministros se ha mantenido alineada con el primer ministro, mientras la dirección laborista intenta contener una fractura que amenaza con debilitar su liderazgo a menos de un año de haber llegado al poder.








