EL CAIRO, 27 de abril.— La guerra entre Irán y Estados Unidos entra en una fase crítica tras una propuesta de Teherán para aliviar una de las mayores crisis energéticas mundiales: poner fin a su control del estrecho de Ormuz a cambio de que Washington levante el bloqueo económico y cese las hostilidades.
Según fuentes regionales, la oferta —canalizada a través de Pakistán— busca destrabar un conflicto que ha disparado los precios del petróleo y ha puesto en jaque el comercio global, dado que por esta vía marítima circula cerca del 20% del crudo y gas del mundo.
El presidente Donald Trump, sin embargo, difícilmente aceptará el planteamiento, ya que la propuesta deja fuera, al menos de momento, el punto clave para Washington: el programa nuclear iraní. La Casa Blanca ha insistido en que cualquier acuerdo debe garantizar que Teherán no desarrolle armas nucleares.
Un pulso estratégico con impacto global
El control del estrecho se ha convertido en la principal carta de presión de Irán. El cierre parcial de esta ruta ha provocado una escalada en los precios del crudo, con el barril Brent rondando los 108 dólares, casi un 50% más que al inicio del conflicto.
Además, la crisis ha dejado petroleros varados en el golfo Pérsico y ha encarecido productos básicos como fertilizantes y alimentos, amplificando el impacto económico a nivel mundial.
Mientras tanto, Washington mantiene el bloqueo a las exportaciones petroleras iraníes, una medida diseñada para asfixiar financieramente a Teherán pero que también incrementa la presión sobre aliados del Golfo que dependen del paso por Ormuz.
Diplomacia estancada y mediación internacional
Los intentos de mediación liderados por Pakistán no han logrado, por ahora, acercar posiciones. Delegaciones de ambos países cancelaron reuniones previstas, optando por contactos indirectos en medio de una profunda desconfianza.
En paralelo, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha intensificado contactos con Rusia, buscando respaldo político en un momento clave de la negociación.
Un alto el fuego frágil
Aunque un alto el fuego temporal sigue vigente, la situación continúa siendo extremadamente volátil. Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, el conflicto ha dejado miles de muertos en Irán, Líbano y otras zonas de Oriente Medio, además de víctimas entre fuerzas estadounidenses y aliados regionales.
La posibilidad de una solución sigue lejana. La propuesta iraní podría aliviar la presión inmediata sobre los mercados energéticos, pero sin abordar el núcleo del conflicto —el programa nuclear—, el riesgo de una nueva escalada permanece latente.
El mundo observa ahora si este pulso geopolítico desemboca en una salida diplomática o en una nueva fase de confrontación con consecuencias aún más amplias.








