Islamabad, 12 de abril de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este domingo que la Marina estadounidense iniciará “de inmediato” un bloqueo en el estrecho de Ormuz, tras el fracaso de las negociaciones de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, celebradas en Pakistán durante más de 21 horas sin lograr avances ni acuerdos concretos.
En sus primeras declaraciones públicas tras el encuentro diplomático, Trump afirmó que la medida busca ejercer mayor control sobre una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, por donde transita cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, con el objetivo de debilitar la influencia de Irán en la región.
El mandatario detalló que ha ordenado a la Marina “interceptar cualquier embarcación en aguas internacionales que haya pagado peajes a Irán”, advirtiendo que ningún buque que financie al régimen iraní tendrá paso seguro. Aunque aseguró que otras naciones se sumarán a la operación, no precisó cuáles.
La decisión podría tener un impacto inmediato en los mercados energéticos globales, generando volatilidad en los precios del petróleo, el gas natural y otros derivados, en un contexto ya marcado por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio.
Las conversaciones, celebradas en Islamabad, fueron las de más alto nivel entre ambos países desde la Revolución Islámica de 1979, pero concluyeron sin acuerdos ni claridad sobre el futuro del alto el fuego vigente, que expira el próximo 22 de abril.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, quien encabezó la delegación de Washington, insistió en que el principal obstáculo es la falta de garantías por parte de Irán de que no desarrollará armas nucleares. “Necesitamos un compromiso claro de que no buscarán obtener un arma nuclear”, afirmó tras las negociaciones.
Por su parte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, aseguró que ahora corresponde a Estados Unidos demostrar si puede generar confianza, mientras que autoridades iraníes acusaron a Washington de “extralimitación” en sus exigencias.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, ha dejado miles de víctimas en la región: al menos 3.000 muertos en Irán, más de 2.000 en Líbano y decenas en Israel y otros países del golfo Pérsico, además de graves daños a infraestructuras estratégicas.
El programa nuclear de Irán sigue siendo el principal punto de fricción. Teherán insiste en que su desarrollo nuclear tiene fines pacíficos, mientras que Washington y sus aliados temen que el país esté a un paso de alcanzar capacidad armamentística.
En paralelo, actores internacionales han intensificado los llamados a retomar la vía diplomática. Pakistán, a través de su canciller Ishaq Dar, expresó su disposición a facilitar nuevas negociaciones, mientras que la Unión Europea, Omán y Rusia —con el presidente Vladimir Putin— han instado a ambas partes a hacer concesiones para evitar una escalada mayor.
La situación también mantiene en alerta a la región, especialmente en Líbano, donde Israel continúa su ofensiva contra Hezbollah, respaldado por Irán. Aunque los ataques a Beirut han disminuido, las operaciones militares en el sur del país se han intensificado, agravando la crisis humanitaria.
El anuncio del bloqueo en el estrecho de Ormuz marca un nuevo punto crítico en el conflicto, elevando el riesgo de una escalada regional y poniendo en jaque la estabilidad energética global en medio de una de las crisis geopolíticas más complejas de los últimos años.








