Brasilia, 5 Abril.- A seis meses de las elecciones presidenciales en Brasil, el escenario político vuelve a estar marcado por una fuerte polarización entre el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el bolsonarismo, ahora representado por Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Según diversos sondeos recientes, ambos candidatos se encuentran en un empate técnico, con niveles de intención de voto que oscilan entre el 35 % y el 40 %, lo que anticipa una contienda altamente reñida tanto en primera como en eventual segunda vuelta.
El contexto político reproduce la división que ha caracterizado a Brasil en los últimos años, con el progresismo liderado por Lula frente a la derecha y ultraderecha asociada al legado de Bolsonaro. La candidatura de Flávio surge tras la inhabilitación y prisión domiciliaria de su padre, condenado por su implicación en un intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022.
Mientras Lula, de 80 años, apuesta por la continuidad de su modelo político y económico, reforzando alianzas con sectores de centroderecha y manteniendo como vicepresidente a Geraldo Alckmin, enfrenta un desgaste en su popularidad. Las valoraciones negativas de su gestión rondan ya el 40 %, en medio de señales de desaceleración económica y un ligero repunte del desempleo.
Por su parte, Flávio Bolsonaro intenta proyectar una imagen más moderada que la de su padre, buscando captar votantes del centro. Entre sus gestos destacan su acercamiento al electorado femenino y el reconocimiento de su vacunación durante la pandemia, en contraste con la postura negacionista que caracterizó a Jair Bolsonaro.
No obstante, su discurso mantiene elementos clave del bolsonarismo, con énfasis en políticas de mano dura contra la delincuencia, reducción del gasto público y rebajas fiscales.
El fenómeno bolsonarista, según analistas, sigue teniendo un peso significativo en la política brasileña. La politóloga Marcela Machado advierte que “es un error subestimarlo”, ya que se ha consolidado como un movimiento con base social y narrativa propia, más allá de la figura de su líder original.
En este contexto de polarización, otros candidatos tienen escaso margen. Entre ellos destaca Ronaldo Caiado, quien apenas alcanza alrededor del 2 % en intención de voto.
Las candidaturas oficiales se definirán entre julio y agosto, mientras que la campaña comenzará formalmente el 16 de agosto. El 4 de octubre, Brasil no solo elegirá presidente, sino que también renovará el Congreso y varios gobiernos regionales, en unos comicios que se perfilan como decisivos para el rumbo político del país.








