Pirapora do Bom Jesús/Río de Janeiro, 3 de abril.- Decenas de miles de peregrinos se congregaron entre el Jueves y el Viernes Santo en Pirapora do Bom Jesús, tras recorrer cientos de kilómetros cargando cruces de madera como acto de fe, agradecimiento o cumplimiento de promesas religiosas.
La tradición, profundamente arraigada en Brasil, reúne cada año a fieles provenientes de distintas regiones del estado de São Paulo, quienes acuden al santuario del Senhor Bom Jesús, epicentro de una devoción que se remonta a casi tres siglos.
Una tradición que nace en 1725
El origen de esta peregrinación se sitúa en 1725, cuando una imagen de Cristo crucificado fue hallada a orillas del río Tietê. Desde entonces, el “Bom Jesús” se convirtió en símbolo de esperanza y milagros, transformando a la localidad en un importante destino religioso.
Promesas que se cumplen con sacrificio
Entre los miles de peregrinos destacan historias de sacrificio personal, como la de Rodrigo, quien recorrió más de 100 kilómetros junto a su familia cargando una cruz de seis metros como promesa por la recuperación de su hija.
El fiel explicó que su compromiso se extenderá durante 18 años, uno por cada día que la menor permaneció en cuidados intensivos, y que la cruz seguirá creciendo con el tiempo.
Solidaridad en el camino
Durante la travesía, los peregrinos enfrentan dificultades como la falta de descanso, servicios básicos o alojamiento, dependiendo en gran medida de la solidaridad de comunidades locales que les brindan agua y alimentos.
Para muchos, el recorrido no solo representa un acto espiritual, sino también una experiencia colectiva de apoyo y resistencia.
Una marea de fe en Semana Santa
Según estimaciones del santuario, la afluencia de fieles durante esta Semana Santa podría alcanzar las 30.000 personas, especialmente en los días más solemnes.
Las cruces utilizadas en la peregrinación, muchas de ellas marcadas con mensajes de fe, quedan en el santuario como símbolo de devoción y son reutilizadas posteriormente en obras comunitarias o en la estructura del templo.
La masiva participación confirma la vigencia de una de las manifestaciones religiosas más emblemáticas del país, donde la fe sigue movilizando a miles de personas año tras año.








