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Crisis energética en Cuba: “No tenemos apagones, tenemos luz”, relatan voluntarias canadienses

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La Habana, 22 de marzo.- La grave crisis energética en Cuba continúa agravándose y golpeando la vida cotidiana de millones de ciudadanos, en medio de apagones prolongados que han llevado a una situación límite en la isla. Dos ciudadanas canadienses que participan en una misión humanitaria describen un panorama en el que, según afirman los propios cubanos, “es más fácil contar las horas con electricidad que sin ella”.

Las voluntarias, Leanne Isaak y Elise Hjalmarson, llegaron recientemente a la isla con ayuda humanitaria y relataron que, cuando hay suministro eléctrico, la población aprovecha cada minuto para realizar tareas esenciales como cocinar, cargar teléfonos, ducharse o almacenar agua.

“Puede que no vuelva a tener electricidad durante tres días”, explicó Isaak, quien asegura que los habitantes se organizan para sobrevivir en ventanas de apenas una o dos horas con luz. De hecho, una frase popular refleja la magnitud de la crisis: “No tenemos apagones, tenemos luz”.

Ambas forman parte de la organización One Shared Future, con sede en Canadá, y llegaron con 14 maletas cargadas de medicamentos, equipos de energía solar, productos de higiene y suministros básicos. Su plan incluye distribuir esta ayuda en hospitales y comunidades vulnerables a lo largo de varios días, en coordinación con grupos locales.

La situación se ha deteriorado significativamente en los últimos meses, en gran medida por la escasez de combustible que alimenta las centrales eléctricas. La interrupción de suministros energéticos externos y las tensiones internacionales han reducido la capacidad de generación del país, obligando a depender de fuentes limitadas como el gas natural y la energía solar, insuficientes para cubrir la demanda nacional.

Las voluntarias relataron que experimentaron la crisis desde su llegada: apagones en el aeropuerto, fallos eléctricos en su alojamiento y dificultades logísticas como la falta de ascensores por cortes de energía. También destacaron que hospitales han tenido que cancelar cirugías y que muchas familias luchan por evitar que los alimentos se descompongan.

En un país de unos 11 millones de habitantes, la crisis eléctrica se ha convertido en un factor determinante del deterioro económico y social. Las interrupciones constantes afectan el transporte, la educación y los servicios básicos, mientras aumentan el estrés y la incertidumbre entre la población.

A pesar de ello, Isaak subrayó la resiliencia de los cubanos: “La gente está cansada, frustrada y estresada, pero encuentra formas de seguir adelante”. Según relató, incluso en medio de la oscuridad, es común ver a personas reunidas en las calles jugando dominó, escuchando música y bailando.

Mientras continúan llegando envíos de ayuda internacional y se esperan nuevos suministros energéticos, la población cubana sigue enfrentando una crisis que, lejos de resolverse, amenaza con prolongarse en el tiempo.

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