Lima, 17 Marzo.- El presidente interino de Perú, José María Balcázar, destituyó a la primera ministra Denisse Miralles a solo un día de que acudiera al Congreso para solicitar el voto de confianza, en medio de la falta de apoyos políticos y el rechazo anticipado de varios partidos.
A través de un mensaje oficial, la Presidencia agradeció a Miralles por sus servicios y confirmó su salida en un momento clave para el país, marcado por la cercanía de las elecciones generales y una persistente inestabilidad política.
La dimisión, según detalló la propia Miralles en su carta, se produjo a pedido directo del jefe de Estado, quien optó por evitar una derrota parlamentaria que habría obligado igualmente a recomponer el gabinete.
La ahora ex primera ministra había sido designada el pasado 24 de febrero tras la llegada de Balcázar al poder como presidente de transición, luego de la destitución de José Jerí. Su gestión, sin embargo, estuvo marcada por la falta de respaldo en el Congreso.
En el sistema político peruano, cada nuevo gabinete debe obtener el respaldo del Legislativo mediante el voto de confianza, y su rechazo obliga a la formación de un nuevo Ejecutivo. Ante la previsión de no alcanzar los votos necesarios, el Gobierno decidió adelantar el relevo.
Diversos partidos ya habían anunciado su negativa a apoyar a Miralles, pese a los esfuerzos del Ejecutivo por promover un mensaje de unidad nacional. Incluso sectores empresariales habían pedido al Congreso respaldar al gabinete para evitar un agravamiento de la crisis institucional.
Durante su breve mandato, el Gobierno enfrentó además una crisis energética derivada de una fuga en el principal gasoducto del país, operado por Transportadora de Gas del Perú. La emergencia obligó a implementar medidas de racionamiento que provocaron aumentos en los precios y malestar ciudadano.
Aunque la avería fue solucionada antes del plazo previsto con apoyo de las Fuerzas Armadas, el episodio evidenció la fragilidad del Ejecutivo en un contexto de alta tensión política.
Perú atraviesa una etapa de inestabilidad crónica, con ocho presidentes en menos de una década, lo que mantiene en vilo la gobernabilidad del país a pocas semanas de los comicios.
La destitución de Miralles abre ahora un nuevo capítulo en la crisis política, mientras el Gobierno intenta recomponer su gabinete y asegurar un mínimo de estabilidad en el tramo final del periodo de transición.








