Caracas, 7 de enero.- Durante años, los seguidores de la oposición venezolana esperaron el momento en que Nicolás Maduro dejara de gobernar el país. Ese anhelo se materializó de forma abrupta cuando fuerzas militares de Estados Unidos capturaron al mandatario y lo trasladaron a Nueva York, donde permanece detenido bajo cargos relacionados con narcotráfico. Sin embargo, la caída personal de Maduro no se ha traducido en el fin del régimen que encabezaba: las estructuras del chavismo continúan intactas y el poder sigue en manos de sus principales colaboradores.

Lejos de facilitar una transición democrática liderada por la oposición, el presidente estadounidense Donald Trump permitió que Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro y figura central del aparato represivo, asumiera el control del país. La decisión supuso un duro golpe político para una oposición que, con el respaldo de administraciones republicanas y demócratas en Washington, había prometido durante años restaurar la democracia apenas se produjera la salida del líder chavista.

Mientras tanto, la mayoría de los dirigentes opositores permanecen en el exilio o en prisión, incluida María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz y rostro más visible del movimiento democrático venezolano.

“El Gobierno de Estados Unidos no se dejó convencer por esa visión casi mística de la oposición según la cual bastaba empujar a Maduro para que surgiera automáticamente una democracia funcional”, señaló David Smilde, profesor de la Universidad de Tulane y experto en Venezuela desde hace más de tres décadas, al analizar la postura adoptada por la administración Trump.

El escepticismo de Trump hacia la oposición

La operación militar estadounidense, ejecutada el sábado pasado, incluyó también la detención de Cilia Flores, esposa de Maduro, y se llevó a cabo en una base militar de Caracas. Horas después, Trump afirmó que Estados Unidos “dirigiría” Venezuela durante la transición y expresó abiertamente su escepticismo sobre la posibilidad de que Machado llegara a gobernar el país.

“No tiene apoyo interno ni respeto dentro del país”, dijo Trump ante periodistas. “Es una mujer muy agradable, pero no la respetan”.

Estas declaraciones contrastan con el respaldo que Machado ha ofrecido reiteradamente a Trump en el ámbito internacional. La líder opositora llegó incluso a dedicarle su Premio Nobel de la Paz y apoyó públicamente políticas polémicas de Washington, como la deportación de migrantes venezolanos y las operaciones contra presuntos narcotraficantes en aguas internacionales. Paradójicamente, este alineamiento con la Casa Blanca le ha costado pérdida de apoyo interno entre sectores de la población venezolana.

La victoria electoral que nunca se materializó

Machado se consolidó como la principal amenaza política para Maduro en los últimos años, razón por la cual el régimen le prohibió postularse a cargos públicos. Ante esa inhabilitación, la oposición presentó como candidato presidencial al diplomático retirado Edmundo González Urrutia en las elecciones de 2024.

Aunque el oficialismo proclamó rápidamente a Maduro como ganador tras el cierre de las urnas, la maquinaria opositora sorprendió al país al recopilar y difundir actas de votación que mostraban una victoria contundente de González Urrutia, con una ventaja de dos a uno. Estados Unidos y numerosos países reconocieron al candidato opositor como el legítimo ganador de los comicios.

No obstante, dentro de Venezuela, la figura que encarna esa victoria sigue siendo Machado, quien ha continuado liderando la estrategia internacional de presión y denunciando la permanencia del chavismo en el poder.

En su primera entrevista televisada tras la captura de Maduro, Machado evitó criticar el papel de Trump en la transición y optó por elogiarlo. “Lo que ha hecho es histórico y representa un gran paso hacia una transición democrática”, afirmó en declaraciones a Fox News, aunque reconoció que no ha vuelto a hablar con el mandatario estadounidense desde octubre.

Incertidumbre constitucional y ausencia de elecciones

El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, intentó matizar las palabras de Trump y aseguró que Washington utilizará el control de la industria petrolera venezolana como herramienta de presión política. Rubio insistió en que el actual Gobierno de Caracas es ilegítimo y subrayó que Venezuela, pese a su crisis, sigue poseyendo las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

Sin embargo, ni Trump ni Delcy Rodríguez han aclarado cuándo o si se celebrarán nuevas elecciones. La Constitución venezolana establece que, en caso de incapacidad permanente del presidente, deben convocarse comicios en un plazo de 30 días, como ocurrió tras la muerte de Hugo Chávez en 2013. No obstante, el Tribunal Supremo —controlado por el chavismo— declaró la ausencia de Maduro como “temporal”, lo que elimina la obligación inmediata de ir a las urnas.

Esta interpretación permite que Rodríguez, un cargo no electo, gobierne hasta 90 días, con la posibilidad de extender el mandato hasta seis meses si cuenta con la aprobación de la Asamblea Nacional, también dominada por el partido oficialista.

Un futuro incierto para la democracia venezolana

Machado calificó a Rodríguez como “una de las principales arquitectas de la tortura, la persecución, la corrupción y el narcotráfico”, y advirtió que su permanencia en el poder ahuyenta cualquier posibilidad de confianza por parte de inversionistas internacionales.

Incluso si se convocaran elecciones, la oposición enfrenta obstáculos enormes: Machado y González Urrutia tendrían que regresar al país, algo incierto dadas las amenazas judiciales y políticas en su contra. González Urrutia permanece exiliado en España desde septiembre de 2024, mientras que Machado salió de Venezuela el mes pasado tras reaparecer públicamente para recibir el Nobel en Noruega.

Para Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, la decisión de Washington de colaborar con Delcy Rodríguez socava el espíritu democrático del país. “Lo que ocurrió en las elecciones de 2024 fue una expresión clara de la voluntad popular de cambiar el rumbo de Venezuela por vías democráticas. Ignorar eso es menospreciar y humillar a los venezolanos”, afirmó.

Así, pese a la caída de Maduro, Venezuela sigue atrapada en una transición incierta, con una oposición debilitada, un aparato chavista aún operativo y un futuro político que depende, en gran medida, de decisiones tomadas fuera de sus fronteras.

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