Redacción América, 26 dic.- Washington ahoga a Caracas, pero es La Habana la que se queda sin resuello. La intensificación de la presión de Estados Unidos contra la denominada “flota fantasma” venezolana, utilizada para exportar crudo al margen de las sanciones, está teniendo un impacto devastador en Cuba, que ve desplomarse los envíos de petróleo de su principal aliado en el peor momento de su crisis sistémica.
La situación en el Caribe reúne todos los ingredientes para agravar aún más la ya crítica coyuntura económica y energética cubana, algo que —según expertos consultados por EFE— está plenamente contemplado por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, desde el inicio de esta nueva ofensiva regional.
“Lo más probable es que, con las recientes medidas en el Caribe, esas entregas de petróleo de Venezuela a Cuba caigan aún más”, afirma el economista y politólogo cubano Arturo López-Levy. Para la isla, advierte, el impacto sería inmediato y profundo.
“Las consecuencias para Cuba serían desastrosas”, coincide el economista Ricardo Torres, autor de la publicación especializada Cuba Economic Review, quien subraya que el país carece de margen financiero para compensar la pérdida de suministro en los mercados internacionales.
Una dependencia energética estructural
La actual dependencia energética de Cuba respecto a Venezuela se remonta al año 2000, con la firma del Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, que consolidó una alianza estratégica en la que Caracas pagaba con crudo los servicios profesionales de La Habana, principalmente médicos y profesores, pero también expertos en seguridad y defensa.
Desde entonces, Venezuela pasó a ocupar el papel de sostén económico externo que durante la Guerra Fría desempeñó la Unión Soviética. Sin embargo, los envíos de petróleo han ido disminuyendo con los años, afectados por la caída de la producción venezolana y por las sanciones estadounidenses.
En el actual contexto, Cuba atraviesa su quinto año consecutivo de grave crisis, marcada por escasez de productos básicos, inflación persistente, contracción económica, apagones constantes de hasta 20 horas diarias, colapso productivo, deterioro de los servicios públicos y una migración masiva sin precedentes.
Es en este escenario cuando el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha vuelto a centrar su estrategia en Venezuela, endureciendo el cerco naval y financiero contra su red de exportación petrolera.
El cerco a la “flota fantasma” y el golpe a La Habana
La ofensiva estadounidense contra la “flota fantasma” venezolana —con incautaciones de buques petroleros y un mayor control marítimo— supone una nueva vuelta de tuerca para Cuba, algo que no es casual, según López-Levy.
“La ofensiva de Trump contra Venezuela, en silencio, quiere derrocar al Gobierno de Cuba, con la misma prioridad o incluso mayor que acabar con Nicolás Maduro”, sostiene. Para Rubio, añade, todo forma parte de un mismo problema: el llamado “castro-chavismo”.
Las estimaciones independientes indican que Cuba necesita entre 110.000 y 120.000 barriles diarios de petróleo. De ellos, apenas unos 40.000 barriles proceden de la producción nacional; el resto debe importarse.
Venezuela, que en su momento llegó a suministrar hasta 100.000 barriles diarios, envió en 2025 un promedio de 27.000 barriles al día, según datos del servicio especializado de Reuters. Esto deja una brecha de hasta 50.000 barriles diarios, que se traduce directamente en apagones, industrias paralizadas y largas colas en las gasolineras.
Apoyos externos insuficientes
Para intentar cubrir parte de ese déficit, Cuba ha recibido apoyos puntuales, aunque claramente insuficientes. Rusia ha enviado alrededor de 6.000 barriles diarios este año, según el experto Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, quien confirmó la reciente llegada de un nuevo petrolero ruso con 330.000 barriles.
Sin embargo, Torres considera que Rusia es el “único país que podría ser una alternativa real a Venezuela”, aunque duda de su capacidad para asumir ese rol debido a la guerra en Ucrania, sus propios problemas económicos y la persecución internacional de su propia flota paralela.
México, por su parte, redujo drásticamente sus envíos: de unos 23.000 barriles diarios el año pasado a apenas 2.500 en 2025, según datos de Pemex. Torres atribuye esta caída a la necesidad mexicana de “cuidar la relación” con EE.UU., destino del 85 % de sus exportaciones. López-Levy cree que la presidenta Claudia Sheinbaum está dispuesta a realizar “sacrificios políticos” por Cuba, pero reconoce que se encuentra “cerca del límite de lo que puede hacer”.
El factor China y un futuro sin solución clara
En este contexto, plantea López-Levy, la gran incógnita es quién financiaría las compras de crudo en otros mercados y quién se atrevería a vender y transportar combustible a Cuba bajo el actual nivel de presión estadounidense.
A su juicio, China podría desempeñar un papel “clave”, ya sea otorgando créditos directos a Cuba o facilitando financiamiento a posibles proveedores, en dólares o en yuanes. “Es una decisión geopolítica, no ideológica”, subraya.
Pese a todo, López-Levy recomienda “no subestimar la capacidad de resistencia y resiliencia del sistema cubano”, incluso en condiciones extremas. No obstante, distingue claramente entre la supervivencia coyuntural de la isla bajo el actual asedio y la crisis estructural profunda que padece el país, una crisis que —advierte— no tiene perspectiva de solución a corto ni medio plazo.








