BOGOTÁ, 8 JUNIO.— Un brutal atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay, figura del Centro Democrático y precandidato presidencial, sacudió este fin de semana a Colombia, reavivando los peores recuerdos de la violencia política de finales del siglo XX y generando un llamado unánime a frenar la polarización incendiaria que se ha instalado en el discurso político del país.
Uribe Turbay, de 39 años, fue sometido a una compleja cirugía de cuatro horas en la Fundación Santa Fe de Bogotá tras ser atacado a tiros durante un acto público. Según el parte médico emitido este domingo, su estado es de “máxima gravedad” y el pronóstico es reservado.
El ataque ha despertado una ola de condena nacional e internacional. Para muchos, representa un retroceso de décadas en materia de convivencia democrática y revive una etapa oscura en la historia del país: la de los magnicidios políticos.
Un eco del pasado
El exministro José Antonio Ocampo advirtió sobre el riesgo de repetir errores trágicos: “El pasado de la violencia política, con candidatos asesinados, no puede repetirse. Todos los actores públicos deben evitar el lenguaje violento que fomenta la polarización y la violencia”.
En la memoria colectiva resuena aún la campaña de 1990, en la que tres candidatos presidenciales fueron asesinados: Luis Carlos Galán (liberal), Bernardo Jaramillo Ossa (UP) y Carlos Pizarro Leongómez (M-19). Sucesos que sumieron al país en el miedo y dejaron una huella imborrable en la democracia colombiana.
Llamado urgente a un pacto nacional
La senadora María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro y también precandidata presidencial por el oficialista Pacto Histórico, lanzó una propuesta para que todos los partidos firmen un acuerdo contra la violencia en la política. “Soy hija de un candidato presidencial asesinado en 1990 y esta historia no se puede repetir. Colombia está adolorida”, escribió en X, antes Twitter.
Pizarro pidió especialmente a las bases del Pacto Histórico y a los influenciadores “abandonar y rechazar mensajes de venganza y odio”.
Críticas a Petro por discursos incendiarios
El atentado también ha encendido el debate sobre la responsabilidad del lenguaje político en la generación de violencia. Buena parte de las críticas apuntan al presidente Gustavo Petro, quien ha endurecido su retórica contra la oposición en los últimos meses.
En su alocución tras el atentado, Petro calificó a algunos opositores como “ratas de alcantarilla”, provocando el rechazo de múltiples sectores. “El presidente Petro ha conducido al país a un abismo. Su manera de dividir y señalar ha sido interpretada por los grupos criminales como una señal”, sostuvo el presidente del Senado, Efraín Cepeda.
Juan Fernando Cristo, exministro liberal que integró el gabinete de Petro, también expresó su preocupación: “Hay que hacer un alto en el camino en esta espiral de odio y violencia”.
Suspensión de campaña política
En un gesto inédito, Gustavo Bolívar, líder del ala progresista y cercano al presidente Petro, anunció la suspensión de su actividad política con miras a las elecciones presidenciales de 2026. “La vida está por encima de cualquier campaña”, dijo, sumándose a los llamados a la reflexión colectiva.
Una democracia en la cuerda floja
El ataque a Miguel Uribe Turbay no solo pone en riesgo la vida de un líder opositor, sino que amenaza con desatar una espiral de confrontación que muchos creían superada. La sombra de los años 80 y 90 vuelve a proyectarse sobre Colombia en un momento de alta tensión política y social.
Más allá de las ideologías, el mensaje que se repite en todas las orillas es claro: la violencia no puede volver a ser una herramienta electoral. Colombia, una democracia herida, enfrenta hoy el desafío urgente de salvar su proceso político del abismo.








