Santiago de Chile, 9 de marzo.- El presidente de Chile, Gabriel Boric, se prepara para dejar el poder tras cuatro años de gobierno marcados por altas expectativas iniciales, reformas sociales parciales y varias promesas que no lograron concretarse, en un contexto político y económico complejo tras las protestas sociales de 2019.

Cuando llegó al poder en 2022 con apenas 36 años, Boric se convirtió en el mandatario más joven en la historia de Chile. El exdirigente estudiantil del Frente Amplio asumió la presidencia con un discurso transformador que prometía cambios profundos al modelo económico heredado de la dictadura militar, al que calificó como el origen de profundas desigualdades sociales.

Durante su campaña y primeros meses de gobierno, Boric planteó que Chile debía superar el sistema neoliberal instaurado en la década de 1980 y avanzar hacia un Estado con mayor participación en áreas sociales, económicas y de bienestar.

Sin embargo, el impulso inicial de su administración enfrentó rápidamente obstáculos políticos e institucionales que limitaron la implementación de su agenda.

Uno de los golpes más duros para su gobierno ocurrió en septiembre de 2022, cuando los ciudadanos rechazaron en referéndum una propuesta de nueva Constitución que buscaba reemplazar la vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet. La iniciativa representaba el eje central de su programa político y su derrota obligó al mandatario a reorganizar su gabinete y moderar parte de su agenda reformista.

Tras ese revés, Boric reemplazó a varios de sus colaboradores más cercanos provenientes del movimiento estudiantil, incluyendo a la entonces ministra del Interior, Izkia Siches, y otorgó mayor protagonismo a figuras de la centroizquierda tradicional.

A partir de ese momento, el gobierno adoptó un enfoque más pragmático y cercano a posiciones socialdemócratas, intentando construir consensos con sectores de la oposición para aprobar algunas reformas en el Congreso.

Durante su mandato, el Ejecutivo logró impulsar algunas iniciativas relevantes. Entre ellas destacan la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, el aumento progresivo del salario mínimo hasta cerca de 600 dólares mensuales, la aprobación de un royalty a la gran minería y una reforma parcial del sistema de pensiones que permitió incrementar las jubilaciones en aproximadamente un 35 %.

En el ámbito económico, el gobierno también consiguió estabilizar indicadores tras los efectos del estallido social y la pandemia de COVID-19. La inflación fue controlada gradualmente y el país logró retomar cierta estabilidad macroeconómica, aunque el crecimiento económico se mantuvo moderado.

No obstante, varias de las reformas estructurales más ambiciosas quedaron en el camino. La propuesta de reforma tributaria destinada a financiar su agenda social fue rechazada en el Congreso, lo que limitó la capacidad del gobierno para ampliar el gasto público en programas sociales.

Además, uno de los temas que más afectó la popularidad del presidente fue el aumento de la percepción de inseguridad ciudadana. Las encuestas reflejaron de forma constante que la delincuencia y el crecimiento económico eran las principales preocupaciones de la población, áreas en las que muchos ciudadanos consideraron insuficiente la respuesta gubernamental.

A pesar de estas dificultades internas, Boric logró consolidar una imagen positiva en el ámbito internacional. Su gobierno fue reconocido por mantener una postura crítica frente a regímenes autoritarios en América Latina, incluyendo Venezuela, Cuba y Nicaragua, una posición que lo diferenció de otros líderes de la izquierda regional.

En política exterior también fortaleció la cooperación con países de la región y buscó posicionar a Chile como un actor relevante en temas de democracia, derechos humanos y cambio climático.

El presidente dejará el poder el 11 de marzo, cuando traspase el mando al presidente electo José Antonio Kast, líder de la derecha chilena, quien derrotó al oficialismo en las últimas elecciones presidenciales.

El triunfo de Kast representa un cambio significativo en la dirección política del país y refleja el giro del electorado hacia posiciones más conservadoras tras los años de movilización social y reformas impulsadas por el actual gobierno.

Boric concluye su mandato con niveles de aprobación cercanos al 30 %, una cifra relativamente estable durante los últimos meses de su gestión.

Con apenas 40 años al abandonar el poder, diversos analistas consideran que el exmandatario aún tiene un amplio futuro político por delante y no descartan que pueda volver a competir por la presidencia en el futuro.

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