Lima, 24 feb.— La minería ilegal de oro se extiende a nuevas zonas de la Amazonía peruana, adentrándose en territorios indígenas y ríos remotos, generando una crisis ambiental y sanitaria de gran magnitud.
La actividad, antes concentrada en Madre de Dios, avanza hacia Loreto, Ucayali, Huánuco y Pasco, impulsada por los altos precios del oro, cerca de 2.000 dólares la onza en 2026. Mineros ilegales utilizan bulldozers, dragas flotantes y excavadoras, dejando ríos turbios, riberas erosionadas y bosques deforestados en semanas.
Impacto en comunidades y salud
La expansión también aumenta la violencia y el crimen organizado. Comunidades indígenas se ven afectadas, algunas participando en la minería por necesidad, mientras otras intentan resistir. La contaminación por mercurio en ríos y alimentos amenaza el desarrollo neurológico de niños y podría generar problemas graves de salud, según expertos.
Respuesta del gobierno
Perú creó una comisión multisectorial para combatir la minería ilegal y formalizar a pequeños mineros. Operativos recientes han destruido equipos valorados en 16 millones de dólares, aunque ambientalistas consideran que la fiscalización es insuficiente.
Científicos advierten que la expansión sostenida podría acercar partes de la Amazonía a un punto de inflexión ecológico, transformando selvas intactas en ecosistemas degradados. “Cada árbol que cae y cada río que se contamina representan un tesoro irreparable perdido”, afirmó Fernando Malatesta, administrador de la Estación Biológica Panguana.








