Saõ Paulo, 13 dic.- Más de ochocientas mil viviendas en Saõ Paulo y sus alrededores permanecen sin electricidad tras el paso de un ciclón extratropical que azotó el estado brasileño el miércoles pasado. Con vientos de casi 100 km/h, los más fuertes desde 1963, el fenómeno arrancó árboles, destapó casas y paralizó la ciudad, afectando incluso a los principales aeropuertos de la capital financiera del país, Guarulhos y Congonhas, donde se cancelaron 400 vuelos.
La interrupción del suministro eléctrico también afectó al principal centro de abastecimiento alimentario, CEAGESP, dejando a mercados y restaurantes sin luz durante más de 40 horas. La situación ha impactado especialmente a personas ancianas y enfermas, generando protestas contra la concesionaria Enel, responsable de la red eléctrica en la metrópoli.
Camila Guimarães, residente de la Zona Norte, denunció: “Mi abuela se cayó en la oscuridad y se lesionó toda la mano. Llevamos tres días sin electricidad y no conseguimos hablar con Enel”. Además, se reportaron casos de trabajadores subcontratados que intentaron lucrarse con la emergencia, solicitando sobornos para restablecer el servicio.
El alcalde de Saõ Paulo, Ricardo Nunes, criticó a Enel y pidió la intervención federal para reemplazar a la concesionaria, denunciando que la empresa exagera la cantidad de equipos desplegados para restablecer la electricidad. Según el alcalde, mientras Enel afirma tener 1.500 equipos en operación, los registros municipales muestran menos de 40 vehículos en circulación, con decenas de árboles bloqueando calles y redes eléctricas.
El gobernador Tarcísio de Freitas también cuestionó la lentitud de Enel y se mostró contrario a la prórroga anticipada del contrato de la empresa, que vence en 2028. Señaló deficiencias estructurales, escasa automatización y falta de equipos ante fenómenos climáticos extremos, que dejaron hasta 2,2 millones de clientes sin electricidad.
Por su parte, Enel asegura haber cumplido con sus obligaciones contractuales y normativas y explicó que la reconstrucción de la red requiere reemplazo de postes, transformadores y cables, especialmente en zonas afectadas por árboles caídos.
Especialistas coinciden en que la infraestructura eléctrica de Saõ Paulo, principalmente aérea, es vulnerable frente a fenómenos extremos. Los programas de soterramiento de redes avanzan lentamente; desde 2017 solo se han enterrado 46,5 km de cables, y el nuevo objetivo es superar los 88 km para finales de 2026. Alternativas como redes compactas y automatización de interruptores podrían mitigar futuros apagones.
El ciclón reciente expone la fragilidad de la infraestructura brasileña ante eventos climáticos extremos, en un país afectado también por sequías, inundaciones y deforestación. Climatólogos y expertos en protección civil insisten en fortalecer los sistemas de alerta temprana, mejorar la coordinación entre gobiernos federal y locales, y educar a la población sobre cómo actuar frente a fenómenos meteorológicos extremos.








