Tegucigalpa, 8 dic.- El partido gobernante Libertad y Refundación (Libre) declaró que no reconocerá los resultados preliminares de las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025, abriendo una nueva fase de crisis política en Honduras. La organización, liderada por su candidata presidencial Rixi Moncada, rechaza los boletines iniciales del Consejo Nacional Electoral (CNE), que la ubican en un distante tercer lugar detrás de Nasry Asfura (Partido Nacional) y Salvador Nasralla (centro).

Libre denunció un supuesto “fraude electoral”, asegurando que se registraron múltiples irregularidades en el proceso, particularmente en el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), un mecanismo que el partido ya había cuestionado semanas antes de los comicios. La formación insiste en que el TREP “colapsó” y que no existen garantías de transparencia.

El 6 de diciembre de 2025, Libre presentó ante el CNE una solicitud formal para declarar la nulidad del escrutinio presidencial, alegando inconsistencias y una presunta adulteración del voto popular. Como parte de su estrategia política, el partido desautorizó a cualquier funcionario público a participar en un eventual proceso de transición de gobierno, afirmando que hacerlo sería “convalidar el fraude”.

La dirección de Libre convocó a su militancia a una “movilización sin retorno” en Tegucigalpa, que inició a comienzos de noviembre y que, según la dirigencia, se mantendrá de forma indefinida como medida de presión. El partido afirma que solo cesará las protestas cuando el CNE “respete la voluntad del pueblo”.

La situación ha generado un ambiente de máxima tensión en el país. Mientras el CNE avanza lentamente hacia el conteo final, distintos sectores sociales, observadores independientes y actores políticos expresan dudas sobre la legitimidad del proceso. Algunos partidos piden calma y esperar los resultados oficiales, mientras otros denuncian un clima de inestabilidad institucional.

Los acontecimientos mantienen a Honduras al borde de una nueva confrontación política, con un resultado electoral aún incierto y un oficialismo que apuesta por la presión en las calles para revertir lo que considera una elección manipulada.

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