Washington, 16 Nov.- El portaaviones más avanzado de Estados Unidos, USS Gerald R. Ford, arribó al Mar Caribe este domingo en una demostración de poderío militar que coincide con el incremento de ataques estadounidenses a embarcaciones acusadas de tráfico de drogas cerca de Venezuela. La llegada del buque forma parte de la “Operación Lanza del Sur”, que involucra casi una docena de barcos de guerra y alrededor de 12.000 marineros e infantes de marina.

El grupo de ataque del Ford, que incluye escuadrones de aviones de combate y destructores de misiles guiados, transitó por el Paso de Anegada, cerca de las Islas Vírgenes Británicas, con el objetivo declarado de combatir el narcoterrorismo y proteger la seguridad del Hemisferio Occidental, según el contralmirante Paul Lanzilotta.

Mientras tanto, el almirante Alvin Holsey, comandante para el Caribe y América Latina, destacó que las fuerzas estadounidenses están listas para enfrentar amenazas transnacionales que buscan desestabilizar la región. En Trinidad y Tobago, marines de la 22ª Unidad Expedicionaria comenzaron ejercicios conjuntos con el ejército local, los segundos en menos de un mes, enfocados en el combate al crimen violento y el tráfico de drogas.

El gobierno venezolano calificó estas maniobras como un acto de agresión, mientras que Nicolás Maduro y otros funcionarios socialistas movilizaron tropas y civiles, promoviendo la creación de comités vecinales para respaldar la defensa nacional. Maduro denunció que Estados Unidos está “fabricando una guerra” contra Venezuela.

La administración Trump insiste en que las acciones militares se centran en detener el flujo de drogas hacia EE.UU., aunque no ha presentado evidencia que respalde que los fallecidos en los ataques a embarcaciones fueran narcoterroristas. Expertos consideran que el USS Gerald R. Ford podría no ser la herramienta ideal para combatir cárteles, pero sí sirve como instrumento de intimidación y presión política contra Maduro.

El despliegue también genera inquietud en la comunidad internacional y entre legisladores estadounidenses, incluidos republicanos, que han solicitado información sobre la justificación legal de los ataques a embarcaciones. Según analistas como Elizabeth Dickinson, del Grupo Internacional de Crisis, el movimiento marca un refuerzo significativo del poder militar estadounidense en América Latina, con repercusiones políticas y estratégicas que se observan con atención en toda la región.

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