El drama eterno de Armero: madres que aún buscan a sus hijos 40 años después de la tragedia

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Bogotá, 13 de noviembre de 2025. Hace cuarenta años, el rugido del volcán Nevado del Ruiz borró del mapa a Armero, un próspero pueblo del departamento colombiano de Tolima, y con él desaparecieron más de 23.000 personas. Entre ellas, miles de niños que nunca volvieron a ser encontrados. Hoy, sus madres siguen buscando respuestas, con la esperanza intacta de que alguno de ellos siga vivo, quizás con otro nombre, en algún rincón del mundo.

Una de esas madres es Martha Lucía López, quien perdió a su hijo Sergio, de cuatro años, la noche del 13 de noviembre de 1985. “Sé que Sergio está en alguna parte”, dice con voz temblorosa. “Solo le pido a Dios que esté bien y que algún día me permita volver a abrazarlo”.

Aquella noche, López y su pareja salieron de casa en busca de ayuda cuando el cielo comenzó a arrojar ceniza. Dejaron a su hijo durmiendo con la niñera, sin saber que nunca volverían a verlo. Cuando el lodo volcánico cubrió todo, su hogar quedó reducido a ruinas. “El agua subía y explotaban los cilindros de gas. Fue como el fin del mundo”, recuerda.

Niños perdidos, adopciones irregulares y una herida que no cierra

Nadie sabe con certeza cuántos niños sobrevivieron a la avalancha de Armero. Iniciativas ciudadanas, como la de la fundación Armando Armero, registran más de 580 familias que siguen buscando a sus hijos. Muchas sospechan que fueron víctimas de adopciones irregulares o ilegales, especialmente en el caos que siguió a la tragedia.

El periodista y fundador de la fundación, Francisco González, asegura que hubo negligencia estatal y una red de adopciones no controladas: “A muchos niños se los llevaron extranjeros, y también hubo colombianos que los acogieron de buena fe, pero después no los devolvieron. La herida más grande que tiene Armero es el robo y la desaparición de esos niños”.

Entre los testimonios más impactantes figura el de una amiga de Martha Lucía, quien años después vio la foto de un niño adoptado en Italia. Estaba convencida de que era Sergio, pero la ausencia de registros hizo imposible seguir la pista. “Se llevaron a los niños y hay mucha gente que aún tiene ese secreto guardado”, dice la madre.

Ciencia y esperanza: el ADN como última herramienta

En 1985, Colombia no contaba con tecnología genética para identificar a las víctimas ni protocolos de emergencia. Hoy, el genetista Juan José Yunis Londoño, director del laboratorio que colabora con la fundación Armando Armero, realiza pruebas de ADN gratuitas para cruzar datos entre sobrevivientes y familias.

“Hasta ahora hemos logrado cuatro reencuentros”, explica Yunis. “Uno de ellos fue un niño que vivía en Holanda con su familia adoptiva; otro, el de dos hermanas separadas, una en España y otra en Colombia”.

Un amor que resiste al tiempo

A pesar de los años, Martha Lucía sigue esperando. Conserva un retrato en blanco y negro de su hijo y, cada 13 de noviembre, reza por su regreso. “Qué importa que hayan pasado 40 años —dice con lágrimas contenidas—. Estamos con el mismo amor y el mismo deseo de encontrarlos.”

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