Exceso de azúcar: señales, riesgos y estrategias para reducir su consumo

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Redacción Salud, 24 Sep.- El consumo elevado de azúcar puede pasar desapercibido, pero la ciencia y los especialistas advierten sobre señales claras de alerta, así como las consecuencias a corto y largo plazo para la salud. Fatiga, antojos intensos, problemas digestivos y cambios emocionales son solo algunas de las manifestaciones que podrían indicar un exceso de azúcares en la dieta, según expertos consultados por Vogue y MedlinePlus, sitio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Cuánto azúcar es demasiado

Las recomendaciones oficiales varían según la institución. La Asociación Americana del Corazón (AHA) sugiere que las mujeres no superen los 25 gramos diarios y los hombres los 36 gramos, equivalentes a 100-150 calorías provenientes del azúcar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone un máximo de 50 gramos diarios, idealmente limitando a 25 gramos para reducir riesgos de salud.

El problema es que la mayoría de las personas consume al menos el doble de la cantidad recomendada. Un ejemplo claro: una lata de refresco de 355 ml contiene 39 gramos de azúcar, mientras que productos aparentemente saludables como barras de granola o yogur griego con frutas pueden aportar entre 8 y 14 gramos. Identificar estos azúcares “ocultos” es fundamental para mantener un consumo adecuado.

Azúcares ocultos en alimentos procesados

Vogue señala que muchos productos contienen azúcar añadida bajo distintos nombres, como sacarosa, glucosa, dextrosa, fructosa, jarabe de maíz de alta fructosa, maltosa, lactosa, miel o siropes. Como regla práctica, cualquier palabra que termine en “-osa” o que contenga “sirope” o “edulcorante” suele indicar la presencia de azúcar. Reconocer estos ingredientes permite a los consumidores evitar excederse sin darse cuenta.

Manifestaciones físicas del exceso de azúcar

La dermatóloga y especialista en medicina nutricional Lela Ahlemann explica que el azúcar eleva rápidamente los niveles de glucosa en sangre, pero al carecer de fibra no genera saciedad, provocando aumento de peso y hambre constante. Además, puede contribuir al acné, debido a la elevación de insulina y factor IGF-1, que estimula las glándulas sebáceas.

Otros síntomas incluyen:

  • Sed intensa y boca seca por desequilibrio en glucosa sanguínea.
  • Visión borrosa y necesidad frecuente de orinar, especialmente si los niveles de glucosa permanecen elevados.
  • Antojos intensos y cambios emocionales, ya que los picos de glucosa pueden provocar hipoglucemia relativa.
  • Debilitamiento del sistema inmunológico, aumentando la susceptibilidad a infecciones.

Inflamación y envejecimiento prematuro

El exceso de azúcar también favorece la inflamación crónica, según MedlinePlus. Cuando el intestino delgado no absorbe todos los azúcares, estos llegan al intestino grueso y las bacterias generan endotoxinas que pasan al torrente sanguíneo. Esto contribuye al envejecimiento prematuro y debilita las defensas. La formación de productos finales de glicación avanzada (AGEs) afecta el colágeno, deteriorando piel y tejidos.

Riesgos a largo plazo

Lauren Manaker, nutricionista consultada por Vogue, explica que el consumo elevado puede generar:

  • Fatiga y agotamiento persistente.
  • Alteraciones digestivas como hinchazón, estreñimiento o diarrea.
  • “Mente nublada” y dolores de cabeza.
  • Mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hígado graso y caries.
  • Problemas de encías y desequilibrio en la microbiota intestinal.
  • Alteraciones en el estado de ánimo, que pueden derivar en ansiedad o depresión.

MedlinePlus coincide, señalando que la hiperglucemia sostenida puede desencadenar complicaciones crónicas graves, debilitando el sistema inmunológico y afectando múltiples órganos.

Estrategias para reducir el consumo de azúcar

Para minimizar riesgos, los especialistas recomiendan:

  • Hidratación adecuada para ayudar a eliminar el exceso de glucosa.
  • Consumir fibra y proteínas, que estabilizan los niveles de glucosa y prolongan la saciedad.
  • Incluir vegetales crucíferos como brócoli, coliflor y kale, que favorecen la función hepática.
  • Realizar actividad física regular, incluso caminatas ligeras, para quemar el exceso de energía.
  • Practicar paciencia y autocompasión, entendiendo que un día con consumo elevado no define la salud a largo plazo; lo importante es retomar hábitos saludables sin culpa.

Adoptar estas estrategias permite mantener un equilibrio sostenido, protegiendo la salud cardiovascular, digestiva y metabólica, así como el bienestar emocional y físico general.

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