LA PAZ, 20 julio. – El presidente boliviano Luis Arce lanzó este domingo un llamado urgente a la reunificación del bloque progresista nacional, advirtiendo que la fragmentación política podría costar la derrota en las elecciones del próximo mes y facilitar el retorno del modelo neoliberal al país.
«Antes que sea tarde: la unidad ahora o la derrota mañana», declaró categóricamente el mandatario en una extensa carta difundida a través de redes sociales y canales oficiales del Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP), en un clima electoral marcado por la crisis y la división interna.
Arce evocó la figura de Marcelo Quiroga Santa Cruz, referente histórico del socialismo boliviano, para justificar su convocatoria a superar las diferencias personales y políticas que han fragmentado la izquierda nacional. El presidente argumentó que solo la suma de tácticas y afinidades diversas puede garantizar la viabilidad de un proyecto progresista.
El jefe de Estado justificó su decisión de no presentarse como candidato presidencial como un gesto para facilitar la construcción colectiva de una alternativa unificada. «Con unos habrá más afinidad táctica, con otros, mayor compatibilidad estratégica, pero si unos y otros no nos unimos, no hay victoria táctica ni mucho menos estratégica», subrayó.
El llamado presidencial se produce en un contexto adverso para el oficialismo, con encuestas que colocan al MAS y a Arce en las franjas más bajas de intención de voto, por debajo del 2%, mientras la popularidad del mandatario ha disminuido considerablemente, especialmente en centros urbanos donde la crisis económica ha acentuado el descontento ciudadano.
Respuestas divididas del espectro progresista
Las reacciones a la convocatoria presidencial revelaron la complejidad del escenario político boliviano. Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y figura central de la corriente renovadora del MAS, condicionó su eventual participación al reconocimiento de su candidatura presidencial como eje articulador de la alianza.
Carlos Solá, portavoz de Rodríguez, estableció que la convergencia solo sería viable bajo esta premisa, evidenciando las pugnas internas por el liderazgo que obstaculizan la consolidación de una propuesta unificada. Rodríguez, ubicado en cuarto lugar en las encuestas y al frente de la Alianza Popular, busca captar a las bases desencantadas del MAS tradicional.
Por su parte, Eva Copa, alcaldesa de El Alto y líder del Movimiento de Renovación Nacional (Morena), adoptó una postura cautelosa. Su entorno advirtió que cualquier acercamiento debe ser evaluado previamente por el Comité Político de su organización, exigiendo resultados concretos antes que simples gestos de unidad.
Como era previsible, el rechazo más frontal provino del «evismo». Evo Morales desestimó la convocatoria y lanzó duras críticas contra el dirigente masista Grover García, a quien calificó de «trucho» y «delincuente», denunciando que la iniciativa constituía un llamado desesperado de sus adversarios internos.
El expresidente reiteró contar con un respaldo «duro» estimado entre el 30 y 40% del electorado, pese a los impedimentos legales que le impiden presentarse nuevamente como candidato, y afirmó que su exclusión solo ha incrementado el voto nulo y las abstenciones.
Convocatoria formal para definir candidatura única
El MAS, a través de su presidente Grover García, anunció una convocatoria formal para el 26 de julio dirigida a los principales liderazgos de izquierda, con el objetivo de articular una única candidatura del campo popular basada en parámetros como liderazgo, resultados de encuestas y preparación de los postulantes.
La invitación incluye a Eva Copa, Andrónico Rodríguez, Eduardo Del Castillo y delegados de Evo Morales, dada su imposibilidad legal de competir directamente. García admitió que la decisión final requerirá una evaluación conjunta en busca de consensos para evitar la fragmentación del voto progresista.
Con las elecciones generales a menos de un mes, las próximas semanas serán determinantes para establecer si el llamado a la unidad logra cristalizar alianzas efectivas o si la dispersión del voto progresista facilitará el camino para otras alternativas políticas en Bolivia, cumpliendo las advertencias del propio Arce sobre el riesgo de una «restauración conservadora».








