Beirut, 22 junio.- Mientras la guerra entre Israel e Irán entra en una nueva y peligrosa fase tras la intervención militar directa de Estados Unidos, los principales aliados regionales de Teherán, como Hezbollah y las milicias chiíes de Irak y Yemen, han optado hasta ahora por una llamativa cautela, evitando entrar de lleno en el conflicto a pesar de su histórica retórica de confrontación.

El ataque estadounidense del domingo contra instalaciones nucleares iraníes —el mayor bombardeo estratégico con B-2 en la historia militar de EE.UU.— no ha provocado aún una respuesta activa por parte de Hezbollah en Líbano, ni de los hutíes en Yemen ni de las milicias proiraníes en Irak. Un silencio estratégico que ha sorprendido a muchos analistas.

El “Eje de la Resistencia”, en pausa

Hezbollah, que nació en los años 80 con apoyo iraní como grupo insurgente contra Israel, ha sido durante años la joya de la corona del Eje de la Resistencia —la coalición informal de actores respaldados por Irán que incluye a Hamás, los hutíes y las milicias iraquíes. Sin embargo, tras las duras pérdidas sufridas en la guerra contra Israel del pasado otoño, que incluyeron la muerte de su líder histórico Hasán Nasrala y la destrucción de gran parte de su arsenal, el grupo ha reducido significativamente sus operaciones militares.

Hezbollah ha sido degradado a nivel estratégico y ha perdido sus rutas logísticas a través de Siria con la caída del régimen de Bashar al Asad”, explicó Andreas Krieg, del King’s College de Londres. Esto ha obligado a la organización a replegarse mientras evalúa sus opciones ante una escalada que podría arrasar nuevamente el sur del Líbano.

Mensajes ambiguos y presión interna

El actual líder de Hezbollah, Naim Kassem, ha emitido mensajes ambiguos. Días antes del ataque estadounidense, dijo que el grupo “actuará como considere apropiado”, sin comprometerse a una acción concreta. Paralelamente, autoridades libanesas y enviados internacionales, como el diplomático estadounidense Tom Barrack, han presionado intensamente para que el grupo no arrastre al Líbano a una nueva guerra devastadora.

Una situación similar se vive en Irak, donde las milicias chiitas como Kataib Hezbollah han evitado responder pese a sus amenazas previas de atacar intereses estadounidenses si Washington intervenía directamente en la guerra. Según Renad Mansour, de Chatham House, estas facciones prefieren preservar sus actuales beneficios políticos y económicos dentro del Estado iraquí.

Los hutíes y el Mar Rojo

Por su parte, los rebeldes hutíes de Yemen, que han mantenido durante meses ataques contra buques internacionales en el Mar Rojo, también han reducido su actividad militar tras alcanzar un acuerdo informal con Estados Unidos para frenar los ataques mutuos. Sin embargo, este domingo, tras los bombardeos en Irán, los hutíes advirtieron que la escalada representa “una amenaza directa a la seguridad regional”, aunque no anunciaron represalias inmediatas.

¿Por qué no reaccionan?

Los analistas coinciden en que Teherán busca, por ahora, evitar una guerra regional total y preservar su red de aliados para futuros escenarios. “Si Irán sufre pérdidas insuperables, o si el líder supremo Alí Jamenei es asesinado, eso podría activar a todos estos grupos dormidos”, afirmó Tamer Badawi, investigador en Alemania.

Además, tanto Irán como sus aliados han recibido un fuerte golpe psicológico y militar tras los ataques de EE.UU., lo que les obliga a evaluar cuidadosamente sus próximos pasos. Aunque Hezbollah, los hutíes o las milicias iraquíes no han respondido todavía, su potencial destructivo sigue latente.

“La batalla está en sus primeras etapas”, advirtió Qassem Qassir, analista libanés cercano a Hezbollah. “No hay que descartar su intervención en cualquier momento si la situación cambia drásticamente”.

En un contexto tan volátil, la ambigüedad de los actores regionales puede ser tanto una táctica de supervivencia como una calma que anticipa una nueva tormenta. El futuro del conflicto dependerá de cuánto esté dispuesto a arriesgar Irán… y cuánto más pueda resistir sin movilizar a sus aliados.

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