BRASILANDIA, Brasil, 18 junio.- Brasil adjudicó este martes 34 bloques petroleros en una subasta marcada por la polémica, al ofrecer territorios en tierra y en alta mar cerca de la Amazonía, incluso en zonas próximas a territorios indígenas y ecosistemas sensibles, lo que ha generado una fuerte reacción de ambientalistas y comunidades originarias. El evento se celebró en un hotel de lujo en Río de Janeiro, pocos meses antes de que el país albergue la próxima cumbre climática de la ONU en la ciudad amazónica de Belém.
La subasta, organizada por la Agencia Nacional del Petróleo (ANP), ofrecía 172 bloques, de los cuales 47 estaban situados en alta mar, cerca de la desembocadura del río Amazonas, y otros dos en el interior selvático del país. Sin embargo, apenas una quinta parte de ellos fueron adjudicados. Aun así, el evento recaudó un récord de 180 millones de dólares en bonos de firma —pagos iniciales de las empresas ganadoras—, destacando un bloque cercano al Amazonas que atrajo una prima de casi el 3.000%.
Petroleras apuestan por una región sensible
Entre las compañías que obtuvieron concesiones figuran gigantes del sector como Chevron, ExxonMobil, Petrobras y la china CNPC, interesadas en la región por sus similitudes geológicas con las aguas territoriales de Guyana, donde se han descubierto grandes yacimientos en la última década. A pesar de los riesgos, las empresas consideran el área altamente prometedora.
La estatal Petrobras ya ha recibido la aprobación de un plan de emergencia por parte del Instituto Brasileño del Medio Ambiente (IBAMA), lo que allana el camino para realizar perforaciones exploratorias en la desembocadura del Amazonas, a falta únicamente de una licencia ambiental definitiva.
Protestas frente al evento
Mientras se desarrollaba la subasta, unos 200 manifestantes se congregaron frente al hotel para denunciar los peligros de expandir la explotación petrolera en una región vital para la biodiversidad mundial y el equilibrio climático. “Vinimos a Río para repudiar la subasta”, expresó Giovane Tapura, del pueblo indígena Manoki. “Nos hubiera gustado ser consultados y ver estudios sobre cómo la perforación petrolera podría afectarnos. Nada de esto se ha hecho”.
Por su parte, Nicole Oliveira, directora ejecutiva de la organización ambiental Arayara, calificó la subasta como “irresponsable y peligrosa”, especialmente porque se adjudicaron bloques en una cuenca que aún no cuenta con estudios de impacto ambiental aprobados. Su organización intentó detener el evento por vía judicial y anunció que continuará litigando para impedir que se ejecuten los contratos.
Contradicciones antes de la cumbre climática
Las críticas al gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva se intensifican debido a la aparente contradicción entre su discurso ambientalista —como anfitrión de la próxima cumbre climática de la ONU— y su impulso por ampliar la explotación de combustibles fósiles. Claudio Angelo, portavoz del Observatorio del Clima, una red de más de 130 organizaciones, advirtió que Brasil “está socavando su propia posición climática internacional”.
“El gobierno brasileño está poniendo en peligro el futuro de todos, ya que la ciencia ha sido muy clara sobre la necesidad de detener la expansión de los combustibles fósiles”, afirmó.
¿Transición energética o expansión petrolera?
La ANP defendió la subasta alegando que forma parte de la estrategia nacional para una transición hacia una economía baja en carbono, e informó que los contratos firmados con las empresas obligan a invertir en proyectos energéticos verdes y reducir la intensidad de carbono durante la producción.
No obstante, el contexto levanta cuestionamientos: aunque Brasil produce la mayoría de su electricidad mediante fuentes renovables como la hidroeléctrica, el petróleo crudo se convirtió el año pasado en la principal exportación del país, superando incluso a la soja, lo que evidencia un interés económico prioritario en los combustibles fósiles, incluso más allá de 2030, cuando se espera el declive de los yacimientos actuales.
A medida que se aproxima la cumbre climática en Belém, la tensión entre desarrollo económico y preservación ambiental se agudiza, con Brasil en el centro del debate global sobre el futuro energético del planeta.





