Washington, 31 enero (EFE). La promesa del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles del 25 % a México y Canadá en represalia por el déficit comercial y el flujo de fentanilo y de migración irregular amenaza con llevar al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) a un escenario de incertidumbre a partir de este sábado.
Además, Trump ha advertido sobre la posibilidad de aplicar un gravamen del 10 % a China, lo que podría tensar aún más la relación con el gigante asiático.
La implementación y alcance de estas medidas dependen de que Trump firme la orden ejecutiva correspondiente. Aunque ya había anticipado estos aranceles en su campaña electoral, el mandatario dejó entrever el lunes qué sectores podrían verse más afectados. “Vamos a mirar los productos farmacéuticos, los medicamentos, los chips, los semiconductores, el acero y algunas otras industrias”, dijo a legisladores republicanos.
Sin embargo, no se descarta que la amenaza forme parte de una estrategia de negociación. Mientras Trump mantiene su calendario, su nominado a secretario de Comercio, Howard Lutnick, señaló que los primeros aranceles a México y Canadá podrían no aplicarse si estos países toman medidas en materia de tráfico de drogas. También advirtió que una segunda ronda de gravámenes podría decidirse entre marzo y abril.
El T-MEC tiene prevista una revisión en 2026, por lo que algunos analistas sugieren que este movimiento podría ser una táctica para obtener concesiones antes de esa fecha, como ocurrió con la renegociación entre 2017 y 2018.
No obstante, la inminente aplicación de los aranceles ha llevado a México y Canadá a prepararse para el impacto y buscar formas de evitar su entrada en vigor. Canadá, cuyo 80 % de las exportaciones tienen como destino EE.UU., ha advertido que los aranceles podrían ser “devastadores” y causar una grave recesión. Su industria automotriz, que emplea a más de 500.000 personas y exportó 71.000 millones de dólares en 2023—de los cuales el 93 % se dirigió a EE.UU.—sería uno de los sectores más golpeados.
Incluso con un arancel del 10 %, la economía canadiense podría perder alrededor del 1 % de su PIB, lo que equivale a unos 30.000 millones de dólares estadounidenses. Para mitigar el impacto, el gobierno de Justin Trudeau ha intensificado su actividad diplomática, anunciado una inversión de 1.000 millones de dólares para fortalecer la frontera y advertido que está listo para tomar represalias, incluido un posible embargo energético.
México, por su parte, ha mostrado menos preocupación. “No creemos que vaya a ocurrir, la verdad, y si ocurre, también tenemos nuestro plan, ya lo informaremos”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum.
Mientras tanto, China ha insistido en la necesidad de resolver las diferencias comerciales mediante el diálogo. “Nadie gana una guerra comercial”, declaró la portavoz de la Cancillería china, Mao Ning, el pasado 24 de enero.
La incertidumbre generada por la posible imposición de aranceles no solo afecta a Norteamérica y China. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que su país responderá con “reciprocidad” si se ve afectado, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alberto Van Klaveren, señaló que EE.UU. seguirá necesitando su cobre, a pesar de la amenaza de un arancel al metal, la principal exportación chilena.
A pocas horas de la fecha límite, el mundo observa con atención si Trump concretará su amenaza o si se trata de una estrategia para reforzar su posición en futuras negociaciones comerciales.








