Albuquerque, Nuevo México, EE.UU., 8 Abril 2026.- La Ruta 66, la legendaria carretera que une Chicago con Los Ángeles, cumple este año 100 años y sigue siendo un símbolo cultural y turístico de Estados Unidos, a pesar de haber perdido hace décadas su condición de carretera federal.
Considerada por John Steinbeck como la Carretera Madre, la ruta llevó a agricultores pobres desde las sequías del Medio Oeste hasta California. Para los pueblos indígenas del trayecto, representó un impulso económico, aunque también dejó cicatrices; para los viajeros negros, fue un refugio seguro durante la era de la segregación; y para los aficionados a la música, un escenario plasmado en clásicos inmortales.
Un siglo de historias y movimiento
La Ruta 66 recorre aproximadamente 2.400 millas (3.860 km) pasando por Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México y Arizona, hasta terminar en Santa Mónica, California. Originalmente, se armó a partir de rutas comerciales indígenas y caminos de tierra para conectar la región industrial del centro-norte con la costa del Pacífico.
Cyrus Avery, conocido como el Padre de la Ruta 66, promovió la carretera no solo como vía de transporte, sino como un foco de comercio y desarrollo rural, eligiendo el número 66 por su potencial de marketing. La carretera fue inmortalizada en libros como Las uvas de la ira y En el camino, películas y la icónica canción “(Get Your Kicks on) Route 66”.
Durante la Gran Depresión, se convirtió en un símbolo de esperanza para migrantes que huían de la pobreza y la sequía, y durante la Segunda Guerra Mundial, facilitó el traslado de tropas y suministros. En las décadas de 1940 y 1950 vivió su época dorada como ruta vacacional, impulsada por autos más asequibles y un auge de la cultura de la carretera abierta.
Cultura, negocios y neón
Restaurantes de carretera y moteles prosperaron, al igual que negocios creativos que ofrecían desde puestos comerciales extravagantes hasta fosas con serpientes de cascabel y arcos de acero. El Cozy Dog Drive In, famoso por sus hot dogs empanizados en un palo, funciona desde 1949 y sigue siendo un punto emblemático para viajeros.
La ruta también impulsó la economía de los pueblos indígenas, como Laguna Pueblo, donde restaurantes, estaciones de servicio y artesanía se convirtieron en fuente de ingresos, y aún hoy la tribu gestiona un imperio multimillonario de negocios. Sin embargo, la carretera dejó huellas de expropiación y perpetuó estereotipos culturales, especialmente visibles en los letreros turísticos que simplificaban las culturas locales.
Durante la era de Jim Crow, la Ruta 66 ofreció refugio seguro a viajeros negros gracias a guías como el Green Book. La Threatt Filling Station en Oklahoma se convirtió en un punto seguro donde podían comer, reparar sus autos y hasta practicar béisbol, lejos del acoso racial.
Preservación histórica
La creación del sistema de autopistas interestatales llevó a que la Ruta 66 fuera retirada de su condición federal en 1985, provocando el declive de algunos pueblos. La preservación quedó en manos de sociedades históricas, gobiernos locales y empresas privadas.
Angel Delgadillo, barbero de Seligman, Arizona, fue clave para salvar la ciudad y promover la Ruta 66 como ruta histórica, estableciendo un modelo de preservación replicado en otros estados. En Nuevo México y California se conservan letreros de neón, murales y tramos completos de carretera, mientras atracciones como Cadillac Ranch y el puente Chain of Rocks continúan fascinando a viajeros de todo el mundo.
“El encanto de la Ruta 66 no está solo en el asfalto, sino en los encuentros inesperados y las historias de los pueblos que la mantienen viva”, destacó el historiador Jim Ross, resumiendo la magia que ha convertido a esta carretera en un ícono del espíritu estadounidense.








