La Paz, 31 Mar.- Bolivia contiene la respiración. A pocas horas del decisivo duelo ante Irak en Monterrey, el país entero vive una mezcla de nerviosismo, ilusión y esperanza por regresar a una Copa del Mundo tras 32 años de ausencia desde Estados Unidos 1994.
En ciudades como La Paz y Cochabamba, el ambiente es total: camisetas verdes en las calles, conversaciones constantes sobre fútbol y pantallas gigantes preparadas para una noche que promete ser histórica. “Bolivia no duerme mañana”, resume Fabián, un aficionado paceño que refleja el sentir colectivo.
La selección dirigida por Óscar Villegas ha renovado la ilusión con una generación joven y talentosa encabezada por Miguel Terceros, acompañado por nombres como Moisés Paniagua, Gabrieli Villamil y el arquero Guillermo Viscarra. Este recambio ha devuelto la fe a una afición que durante décadas miró los Mundiales desde fuera.
La expectativa es tal que el partido se vive como una final anticipada. Bolivia buscará ante Irak un boleto al Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. De lograrlo, marcaría el regreso del país al mayor escenario del fútbol tras más de 11.600 días de ausencia.
En las calles, la emoción se mezcla con rituales y promesas. Algunos aficionados aseguran que se raparán si la “Verde” clasifica, mientras otros prometen peregrinaciones religiosas, reflejando el peso simbólico que tiene este partido para millones de bolivianos.
Más allá del resultado, el impacto social ya es evidente. En medio de tensiones políticas y dificultades económicas recientes, el fútbol ha logrado unir a una nación. “Hace olvidar un poco los problemas”, reconocen los hinchas, que ven en su selección una oportunidad de reencontrarse como país.
La noche será larga en Bolivia. Entre ansiedad, cábalas y esperanza, todo un país aguarda un resultado que podría cambiar su historia futbolística. Porque, como dicen sus propios aficionados, si no se gana solo con fútbol, se intentará con garra y corazón.








