Milán, 7 de febrero.- Italia inauguró la noche del viernes los Juegos Olímpicos de Invierno con una ceremonia de apertura inédita y dispersa, celebrada de forma simultánea en cuatro sedes —el estadio San Siro de Milán y las localidades alpinas de Cortina d’Ampezzo, Predazzo y Livigno— en un intento de proyectar una imagen de “armonía” que, para muchos, evidenció los retos logísticos y simbólicos de unos Juegos geográficamente fragmentados.
A las 20:00 horas, el icónico estadio milanés fue el escenario principal de un espectáculo artístico que buscó conectar, mediante una compleja narrativa visual, los distintos enclaves olímpicos separados por cientos de kilómetros. Una estructura central en forma de espiral se abría simbólicamente hacia las sedes secundarias, en una coreografía que reflejó tanto la ambición creativa como la dificultad de cohesionar un evento tan descentralizado.
Cerca de las 23:00 horas, el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, declaró oficialmente inaugurados los Juegos, los terceros de invierno celebrados en Italia, tras Cortina 1956 y Turín 2006.

Espectáculo, símbolos y estrellas
El encendido del pebetero olímpico estuvo a cargo de dos leyendas del esquí italiano, Alberto Tomba y Deborah Compagnoni, bajo el Arco del Triunfo de Milán, mientras que, de forma simultánea, la campeona olímpica Sofia Goggia hizo lo propio en Cortina, reforzando el carácter dividido del evento.
La ceremonia combinó referencias a la belleza clásica italiana, al mito de Cupido y Psique, y a los grandes compositores de la ópera como Verdi, Puccini y Rossini, en una apuesta por el patrimonio cultural como eje narrativo.
El apartado musical tuvo como protagonista a la estadounidense Mariah Carey, quien, vestida con un llamativo traje blanco, interpretó el célebre “Volare” en italiano, en una elección que buscó impacto internacional, aunque no estuvo exenta de críticas por el protagonismo de figuras extranjeras en una celebración nacional.

Un desfile sin precedentes… y con ausencias
Por primera vez en la historia olímpica, el desfile de atletas se realizó de manera simultánea en cuatro sedes, con delegaciones de 92 países, un desafío organizativo que dejó imágenes llamativas, pero también evidenció la falta de una experiencia común para los participantes.
Mientras en Predazzo los atletas marchaban junto a los trampolines de salto, en Cortina la delegación de Jamaica animó las calles con bailes improvisados, y en Milán los representantes de Chequia destacaron por sus atuendos coloridos.
La delegación francesa, anfitriona de los Juegos de Invierno de 2030, desfiló en Livigno, encabezada por Chloé Trespeuch y Clément Noël, antes de que Italia, como país anfitrión, cerrara el desfile entre una ovación del público.
No todo fue celebración: el abanderado belga Maximilien Drion no pudo asistir al desfile debido a problemas ferroviarios, un episodio menor que, sin embargo, alimentó las críticas sobre la infraestructura y coordinación del evento.

Olimpismo en un mundo en conflicto
La ceremonia se desarrolló en un contexto geopolítico tenso, marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones en Oriente Medio. En San Siro, la delegación ucraniana recibió una ovación especial, recordando que su país fue atacado por Rusia tras los Juegos de Pekín de 2022.
Horas antes de la inauguración, el papa León XIV había llamado al respeto de la tregua olímpica, a la que calificó como un “instrumento de esperanza”, aunque históricamente ignorado en numerosos conflictos.
En la tribuna oficial, la presencia de líderes internacionales atrajo atención política, incluida una primera reunión entre Kirsty Coventry, presidenta del COI, y representantes de la administración estadounidense, encabezados por el vicepresidente J.D. Vance. Su aparición en pantalla provocó silbidos del público, rápidamente acallados por la organización.

Protestas fuera del estadio
Fuera de San Siro, la jornada estuvo marcada por manifestaciones en Milán, tras declaraciones conjuntas de la primera ministra Giorgia Meloni y Vance sobre “valores compartidos”, así como por protestas contra la presencia de agentes del ICE, la policía migratoria de Estados Unidos, en la ciudad.
Dentro del estadio, sin embargo, los organizadores insistieron en proyectar un mensaje de paz, creatividad y fantasía, con escenas tan llamativas como bailarines disfrazados de cafeteras, en un guiño a los estereotipos culturales italianos.
El evento también rindió homenaje al arte, la moda y el diseño italianos, con actuaciones de Andrea Bocelli, Laura Pausini, el actor Pierfrancesco Favino, y un tributo al diseñador Giorgio Armani, fallecido en septiembre.
Competición en marcha
Aunque la ceremonia marcó el inicio oficial de los Juegos, varias disciplinas —como curling, hockey sobre hielo y patinaje artístico— ya habían comenzado días antes. La estadounidense Lindsay Vonn, que regresó tras una grave lesión de rodilla sufrida el 30 de enero, completó su primer entrenamiento sin aparentes complicaciones, a la espera de su participación en la prueba de descenso del domingo.
La inauguración dejó claro que estos Juegos buscan deslumbrar desde la cultura y el espectáculo, pero también puso sobre la mesa los desafíos organizativos, políticos y logísticos de un modelo olímpico cada vez más disperso y costoso.








