Washington, 8 de enero de 2026 — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio este miércoles un giro inesperado en su relación con el mandatario colombiano Gustavo Petro, al revelar que ambos sostuvieron una llamada telefónica cordial y que incluso extendió una invitación oficial a la Casa Blanca, pese a las recientes y duras acusaciones lanzadas desde Washington contra el Gobierno de Colombia.
“Fue un gran honor hablar con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien llamó para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos que hemos tenido”, escribió Trump en sus redes sociales. “Agradezco su llamada y su tono, y espero reunirme con él en un futuro cercano”, añadió, precisando que el eventual encuentro se celebraría en la Casa Blanca.
El anuncio contrasta fuertemente con las declaraciones realizadas por Trump apenas días antes, tras la operación militar de Estados Unidos en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro. En ese contexto, el presidente estadounidense afirmó que “Colombia también está muy enferma” y acusó directamente a Petro de “producir cocaína y venderla a Estados Unidos”.
Durante declaraciones a la prensa a bordo del Air Force One el domingo, Trump fue aún más lejos al advertir: “Permítanme decirles que no lo hará por mucho tiempo”. Al ser consultado sobre una posible intervención militar de Estados Unidos, respondió sin titubeos: “Por mí, está bien”.
Pese a ese clima de confrontación, Petro aseguró este miércoles, durante una marcha de protesta contra las amenazas militares estadounidenses, que sostuvo una conversación telefónica de cerca de una hora con Trump. Según explicó, el diálogo se centró en la situación de Venezuela y el narcotráfico, aunque no ofreció mayores detalles sobre los compromisos alcanzados.
El cambio de tono del mandatario estadounidense resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que Petro había calificado días antes la operación de Washington en Venezuela como una violación “aberrante” de la soberanía latinoamericana, comparándola incluso con el bombardeo de Guernica en 1937 por parte de la Alemania nazi, y denunciando que América Latina no puede ser tratada como “sierva y esclava”.
Históricamente, Colombia ha sido uno de los aliados más firmes de Estados Unidos en América Latina, desempeñando un papel clave durante más de tres décadas en la estrategia antinarcóticos, el combate a grupos armados y el desarrollo de zonas rurales. Sin embargo, las relaciones bilaterales se han deteriorado progresivamente en los últimos meses.
En octubre pasado, la Casa Blanca impuso sanciones contra Petro, miembros de su familia y un alto funcionario de su Gobierno, bajo acusaciones de participación en el tráfico internacional de drogas. Además, en septiembre, Estados Unidos incluyó por primera vez en casi 30 años a Colombia en la lista de países que “no cooperan adecuadamente” en la lucha contra el narcotráfico, lo que supuso una reducción de la ayuda estadounidense.
Trump también amplió su ofensiva antidrogas en la región, ordenando inicialmente ataques contra embarcaciones sospechosas procedentes de Venezuela y el Caribe, y posteriormente extendiendo las operaciones a naves vinculadas a Colombia en el océano Pacífico.
“Tiene molinos de cocaína y fábricas de cocaína”, dijo Trump sobre Petro el pasado domingo. “No seguirá haciendo eso”.
Pese a ese discurso, la llamada telefónica y la invitación a Washington abren un nuevo e incierto capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, marcadas ahora por la tensión, el pragmatismo político y un abrupto cambio de estrategia desde la Casa Blanca.








