Mérida, 26 dic.- La ciencia confirma que obesidad y depresión no son problemas aislados, sino que se potencian mutuamente, generando un riesgo mayor de aumento de peso y complicaciones de salud en adultos, según un reciente estudio de la Universidad de Cambridge, citado por Sportlife.
La investigación, publicada en PLOS ONE, analizó a más de 2.100 adultos británicos de entre 44 y 70 años durante nueve meses, mediante cuestionarios mensuales sobre salud mental y peso corporal. Los resultados mostraron que incluso incrementos modestos en los síntomas depresivos se asociaron a ganancias de peso mensuales, que van desde 45 gramos en promedio hasta 71 gramos en quienes presentan obesidad. A lo largo del tiempo, estos aumentos acumulativos pueden derivar en obesidad y mayores riesgos metabólicos.
Julia Mueller, especialista en control conductual del peso, explicó que las emociones negativas afectan hábitos alimentarios, sueño y actividad física, generando un círculo vicioso: el sedentarismo y la preferencia por alimentos ultraprocesados aumentan el peso, lo que a su vez puede intensificar los síntomas depresivos.
Los expertos resaltan que el ejercicio regular es una de las estrategias más efectivas para romper este ciclo, mejorando tanto la salud mental como el control del peso. Además, se recomienda un abordaje integral que combine actividad física, alimentación equilibrada y acompañamiento profesional cuando sea necesario.
El estudio subraya la necesidad de considerar la salud física y emocional de forma conjunta para enfrentar los desafíos actuales de salud pública, dado que ambos trastornos figuran entre las principales causas de deterioro de la calidad de vida y elevan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y reducción de la expectativa de vida.








