TEGUCIGALPA, 12 dic — Durante más de tres décadas, Javier Gámez y María Barahona trabajaron incansablemente para salir adelante: él llenaba bolsas con arena del río Choluteca y lustraba zapatos en el centro de la capital, mientras ella vendía frutas para sostener a la familia. A fuerza de estudio y esfuerzo, ambos se convirtieron en contadores y criaron a tres hijos profesionales. Familias como la suya fueron el pilar del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), la fuerza política que surgió de la izquierda hondureña tras el golpe de Estado de 2009 contra Manuel “Mel” Zelaya.
En 2021, ese movimiento alcanzó su mayor triunfo cuando Xiomara Castro, esposa de Zelaya, ganó la presidencia con más del 50% de los votos. Para miles de hondureños de clase trabajadora, ese resultado simbolizaba la posibilidad de un gobierno que defendiera a los más vulnerables.
Pero cuatro años después, el panorama cambió drásticamente. Dividido por luchas internas y golpeado por el desgaste, LIBRE sufrió una derrota histórica: su candidata presidencial Rixi Moncada obtuvo menos del 20% de los votos en las elecciones del 30 de noviembre. En un proceso electoral tenso y sin un claro ganador, lo único indiscutible es que LIBRE fue severamente castigado por su propia base.
Moncada, Zelaya y otros líderes responsabilizan de la derrota a la intervención de última hora del presidente estadounidense Donald Trump, quien respaldó públicamente al conservador Nasry Asfura y otorgó un indulto al expresidente Juan Orlando Hernández. Sin embargo, Zelaya admitió que los propios datos internos de LIBRE señalaban que el conservador Salvador Nasralla había ganado la contienda. Oficialmente, Asfura mantiene una ventaja de un punto porcentual.
Mientras aún se contaban los votos, Gámez —trabajador electoral de LIBRE— y Barahona —coordinadora barrial— analizaban con tristeza la derrota, reconociendo que el partido no cumplió las promesas fundamentales hechas a la población.
Una gestión marcada por contradicciones
Al inicio de su mandato, Castro impulsó una amplia amnistía para figuras vinculadas al gobierno de Zelaya, argumentando persecución política. Sin embargo, para muchos votantes, esta decisión chocó con su promesa central de combatir la corrupción.
El gobierno tampoco consiguió establecer la misión anticorrupción con apoyo de Naciones Unidas, uno de los compromisos más esperados por la ciudadanía.
En 2023, un organismo de control denunció un grave nepotismo dentro del Ejecutivo. Un mes después, su directora huyó del país denunciando amenazas.
La relación con Washington también tuvo fuertes altibajos. En 2024, Castro anunció el fin del tratado de extradición con Estados Unidos tras tensiones diplomáticas, aunque más tarde revirtió la decisión. Todo esto mientras surgían escándalos como el video de 2013 que mostraba al cuñado de Castro, Carlos Zelaya, en conversaciones con narcotraficantes. El dirigente renunció tras reconocer la reunión, pero negó haber recibido dinero.
Un electorado que se sintió traicionado
La noche posterior a las elecciones, seguidores de LIBRE se reunieron frente a la sede del partido. Entre ellos, Obed Godoy y Fanny Rodríguez comentaban los resultados mientras en redes sociales crecían las acusaciones de fraude. Rodríguez criticó la “hipocresía” del presidente Trump por indultar a Hernández mientras alimenta discursos antiinmigrantes contra los latinoamericanos.
Si bien Godoy reconoció avances del gobierno, como un programa que subsidia el consumo eléctrico de 900.000 familias de bajos recursos, también admitió que los escándalos de corrupción y la gestión desigual han pasado factura al partido.
El peso del discurso anticomunista
En el barrio El Manchén, Karla Godoy, empleada del Ministerio de Agricultura por 16 años y simpatizante de LIBRE, reconoció logros como la construcción de hospitales y ayudas a agricultores. Aun así, lamentó que la oposición, amplificada por Trump, instalara el temor de que Moncada llevaría al país por el camino de Venezuela, Cuba o Nicaragua.
Su hijo, Julio César Godoy, fue más contundente: “Perdimos por la idiosincrasia hondureña: nos convencieron de que venía el comunismo”.
Críticas desde adentro
La excongresista María Luisa Borjas, antigua comandante de asuntos internos de la policía, acusó al gobierno de Castro de llenar cargos clave con “personas incompetentes”, lo que —afirmó— debilitó la gestión y provocó un voto de protesta.
Para expertos como Rachel Schwartz, el problema es más profundo: Honduras mantiene un sistema político basado en el clientelismo, donde los puestos se reparten como favores, dificultando que el Estado cumpla incluso funciones básicas.
Sentada junto a Gámez, Barahona reconoció que vio mejoras en infraestructura, pero aun así el gobierno no respondió a su base electoral. Sin embargo, dijo que la magnitud del rechazo la sorprendió.
“Queríamos un cambio para el país, pero la gente en la cúpula nos traicionó”, lamentó Gámez.








