Washington, 7 de noviembre de 2025. Estados Unidos enfrenta una crisis aérea sin precedentes, con más de 800 vuelos cancelados en el primer día de la reducción “inédita” del tráfico aéreo, causada por la escasez de controladores tras el prolongado cierre del Gobierno federal, que este viernes cumple 38 días, el más largo en la historia del país.

De acuerdo con el portal de seguimiento FlightAware, se registran 824 cancelaciones en todo el territorio estadounidense, una cifra que podría aumentar conforme más torres de control reporten bajas de personal. Muchos de estos empleados, esenciales para la seguridad aérea, se han visto obligados a trabajar sin sueldo, mientras otros han renunciado o tomado empleos temporales ante la falta de fondos federales.

“Tenemos que tomar medidas inéditas porque nos encontramos en una situación sin precedentes con el cierre del Gobierno”, declaró el secretario de Transporte, Sean Duffy, a la cadena CBS News, instando al Congreso a aprobar un acuerdo presupuestario para reactivar el funcionamiento federal.

Aeropuertos y aerolíneas, los más afectados

El aeropuerto O’Hare de Chicago (Illinois) encabeza la lista con unas 40 cancelaciones, seguido por el Hartsfield-Jackson de Atlanta (Georgia) con 38. En total, 40 aeropuertos enfrentan afectaciones directas, especialmente en rutas domésticas de alta frecuencia.

Las aerolíneas American Airlines (221 vuelos), United (184) y Delta (173) concentran la mayoría de los vuelos suspendidos, según datos de la consultora Cirium, que describió la estrategia del Gobierno como un “enfoque quirúrgico” para reducir operaciones de corta distancia y preservar las rutas de largo alcance.

Aun así, el impacto no deja de ser significativo. La Administración Federal de Aviación (FAA) reportó problemas críticos de personal en Chicago O’Hare, Ontario (California) y Newark (Nueva Jersey) —este último, clave para el área metropolitana de Nueva York—, donde ya se habían registrado cierres temporales durante fines de semana por falta de controladores.

Desde el inicio del cierre, más de 2.000 controladores aéreos se han dado de baja o solicitado permisos no remunerados, agravando una crisis de personal que ya existía antes de la paralización federal.

Los vuelos internacionales seguirán operando

Pese a las cancelaciones masivas, el secretario Sean Duffy aseguró que los vuelos internacionales no se verán afectados, debido a los compromisos diplomáticos de Estados Unidos.

“Los vuelos internacionales no serán afectados. Tenemos tratados internacionales que debemos respetar. Algunos países esperan que incumplamos esos acuerdos para restringir vuelos estadounidenses, y no lo permitiremos”, explicó Duffy en declaraciones desde el aeropuerto Ronald Reagan en Washington.

Sin embargo, expertos en aviación advierten que la presión sobre el sistema aéreo interno podría tener un efecto dominó en las rutas internacionales si la crisis se prolonga más allá de noviembre.

Riesgo de caos en Acción de Gracias

Con el Día de Acción de Gracias a pocas semanas, millones de viajeros temen un caos aéreo si la situación no se resuelve a tiempo. Este festivo, uno de los más importantes del año, concentra tradicionalmente los días de mayor tráfico aéreo en Estados Unidos.

“Vimos controladores trabajando seis días a la semana, jornadas de diez horas”, reconoció Duffy, quien defendió la reducción de operaciones como una medida preventiva. “No podemos mantener ese ritmo sin comprometer la seguridad”, agregó.

Disputa política mantiene el cierre

La parálisis federal, originada por el desacuerdo entre la Casa Blanca y el Senado, refleja una creciente tensión política. Los demócratas acusan al presidente Donald Trump de utilizar el sistema aéreo como herramienta de presión para que aprueben su propuesta de financiamiento temporal del Gobierno, mientras los republicanos responsabilizan a la oposición de prolongar el bloqueo por negarse a negociar.

El conflicto gira en torno a la extensión de los subsidios del programa sanitario Obamacare, que expiran a fin de año. Los demócratas condicionan su apoyo a la renovación de estos beneficios, mientras que los republicanos insisten en desvincular ambos temas.

La mayoría republicana (53 escaños) necesita al menos 60 votos en el Senado para aprobar la medida, lo que obliga a un acuerdo bipartidista aún incierto.

Si no se alcanza una solución en los próximos días, los analistas advierten que el país podría entrar en una crisis logística y económica de gran escala, afectando no solo a la aviación, sino también al comercio y al turismo interno.

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