Ottawa, 30 junio.- Canadá eliminó oficialmente su controvertido impuesto a los servicios digitales, en una sorpresiva decisión anunciada este domingo por la noche que allana el camino para reanudar las negociaciones comerciales con Estados Unidos. La medida se produjo tras una llamada entre el primer ministro canadiense Mark Carney y el presidente estadounidense Donald Trump, apenas horas antes de que venciera el primer pago de casi 2.000 millones de dólares que debían abonar gigantes tecnológicos como Amazon y Google.
El ministro de Finanzas, François-Philippe Champagne, confirmó en un comunicado que Canadá «rescindirá la aplicación del impuesto digital» para facilitar un nuevo marco comercial con Washington. La decisión busca frenar un nuevo enfrentamiento con la Casa Blanca, luego de que Trump amenazara el viernes con romper todas las negociaciones y aplicar aranceles adicionales a Canadá, calificando el impuesto digital como «un ataque directo y flagrante contra nuestro país».
Una retirada estratégica ante un posible conflicto
El anuncio ocurre en un contexto de creciente tensión. El viernes, Trump escribió en su red Truth Social que “Canadá debe pagar un precio” por aplicar un impuesto que, en su opinión, penalizaba injustamente a las empresas tecnológicas estadounidenses. El mandatario también criticó las protecciones del sector lácteo canadiense, un antiguo punto de fricción bilateral.
La portavoz de Carney confirmó que además del contacto con Trump, Champagne conversó con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, lo que permitió desescalar rápidamente el conflicto.
Las negociaciones continúan
Carney señaló en una declaración que «el anuncio de hoy respaldará la reanudación de las negociaciones con miras al 21 de julio de 2025, el plazo establecido en la Cumbre del G7 celebrada este mes en Kananaskis». También enfatizó que cualquier acuerdo estará «guiado por los intereses de los trabajadores y empresas canadienses».
¿Qué era el impuesto a los servicios digitales?
La medida, introducida por el anterior gobierno liberal en 2024, buscaba gravar con un 3 % los ingresos de grandes empresas tecnológicas generados en Canadá a través de publicidad digital, plataformas de medios sociales y ventas en línea. El objetivo era crear una recaudación anual cercana a los 2.000 millones de dólares, similar a iniciativas de la Unión Europea.
Sin embargo, desde su planteamiento inicial, el impuesto fue objeto de duras críticas por parte de Washington y de los gigantes tecnológicos, que argumentaban que era una política discriminatoria y amenazaban con represalias comerciales.
Un clima de guerra comercial y barreras internas
La decisión de Canadá de revertir el impuesto digital también se relaciona con la presión interna para fortalecer el comercio interprovincial, como una forma de compensar las posibles pérdidas derivadas de conflictos comerciales con EE.UU. Durante su campaña electoral de primavera, Carney prometió eliminar las barreras entre provincias y avanzar hacia un mercado interno más libre y competitivo.
Aunque el gobierno ha aprobado cambios legales, expertos como Ryan Manucha advierten que aún queda un largo camino: «Es un pistoletazo de salida… si todo esto fuera fácil, ya se habría hecho». Las actuales barreras internas representan un lastre de unos 200.000 millones de dólares anuales, según estudios económicos.
Próximos pasos
Canadá deberá ahora negociar un nuevo acuerdo que garantice reglas claras y equitativas en el entorno digital sin provocar fricciones con sus principales socios comerciales. Mientras tanto, los gigantes tecnológicos celebran un respiro millonario, y la diplomacia canadiense busca recomponer la relación con la Casa Blanca sin ceder completamente su soberanía fiscal.
El pulso entre política tributaria y comercio internacional vuelve a estar en el centro del tablero norteamericano.








