Washington, 24 Abril.- Estados Unidos ha intensificado su presencia militar en Oriente Medio con el despliegue simultáneo de tres portaaviones y la elaboración de nuevos planes de ataque, en un intento por presionar a Irán para que limite su capacidad bélica y permita la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz.
El operativo, liderado por el Comando Central estadounidense, incluye más de 200 aeronaves, unos 15.000 efectivos y una flota de buques de apoyo desplegados tanto en el Golfo como en el océano Índico. Se trata de la primera vez en décadas que tres portaaviones estadounidenses coinciden en esta región, marcando una escalada significativa en la postura de Washington frente a Teherán.
La operación forma parte de un bloqueo naval iniciado el 13 de abril, con el objetivo de restringir el programa militar iraní, asegurar la libre navegación y evitar interrupciones en el comercio global de energía. En este contexto, las fuerzas estadounidenses han intensificado la vigilancia marítima, interceptando e inspeccionando embarcaciones sospechosas de transportar recursos vinculados a Irán.
Además del despliegue militar, el Pentágono ha diseñado planes que contemplan ataques selectivos contra activos estratégicos iraníes, incluyendo embarcaciones rápidas, sistemas de misiles, drones e infraestructuras energéticas. Entre las opciones también se evalúan acciones dirigidas contra altos mandos militares del régimen.
El secretario de Defensa advirtió que Estados Unidos está dispuesto a incrementar la presión si Irán no acepta una solución diplomática, aunque funcionarios reconocen que una ofensiva directa podría generar una escalada de consecuencias imprevisibles en la región.
La Casa Blanca mantiene como principal objetivo imponer límites estrictos al programa nuclear iraní y garantizar la seguridad del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del petróleo mundial.
Pese a los ataques y restricciones, informes de inteligencia indican que Irán aún conserva parte importante de su capacidad militar, incluyendo misiles y drones, lo que complica una resolución rápida del conflicto.
La crisis ha provocado una fuerte inestabilidad en los mercados energéticos y ha elevado la tensión geopolítica global, mientras persiste la incertidumbre sobre la posibilidad de retomar negociaciones entre ambas potencias.








