Santander, 16 enero.- El acoso digital se ha convertido en un fenómeno creciente en España, afectando especialmente a mujeres jóvenes, según la última macroencuesta de violencia contra la mujer del Ministerio de Igualdad, que analiza la situación de mujeres de 16 años o más.
El sondeo, con datos de 2024, indica que el 12,2 % de las mujeres residentes en España han sufrido algún tipo de acoso en medios digitales. La prevalencia es más alta entre las más jóvenes: un 28 % de las de 16-17 años, un 34,5 % de 18-24 años y un 30,6 % de 25-34 años. En cambio, el acoso disminuye drásticamente en mujeres mayores de 65 años, con un 1,1 % entre las de 65-74 años y un 0,3 % en mayores de 75 años.
Expertos señalan que las redes sociales y los medios digitales no son inherentemente peligrosos, pero pueden convertirse en herramientas de acoso y violencia cuando se usan de manera indebida. José Luis López del Moral, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, explica que estas plataformas pueden amplificar el control, la humillación, los chantajes y las amenazas.
Diana Mirones, jefa de la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer en Cantabria, advierte que la violencia digital trasciende lo privado y se vuelve pública, con efectos duraderos por la permanencia de la información en internet. Por ello, las autoridades impulsan modificaciones legislativas y normativas, como la limitación de acceso a redes sociales para quienes cometen acoso y el anteproyecto de ley orgánica de protección civil del derecho al honor, la intimidad y la propia imagen, adaptado al entorno digital y la inteligencia artificial.
Existe especial preocupación por menores y adolescentes, quienes son más vulnerables a los efectos de la violencia digital. Mirones enfatiza la importancia de la prevención y la educación digital y afectiva, con implicación de familias y centros educativos.
Otro fenómeno alarmante es el visionado de pornografía desde edades muy tempranas, que según Mirones comienza alrededor de los 8-10 años. Esta exposición temprana a contenidos violentos y cosificadores, que erotizan el dolor y minimizan la relevancia del consentimiento, contribuye a la normalización de conductas de violencia sexual y es un motivo de preocupación especial para las autoridades y educadores.








