Nueva York, 3 de enero.– El exdictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecen este lunes ante un tribunal federal de Nueva York tras haber sido capturados por el Ejército de Estados Unidos durante un operativo militar ejecutado en la madrugada del sábado, según confirmaron fuentes oficiales estadounidenses.
El caso quedó bajo la supervisión del juez federal Alvin K. Hellerstein, a quien el presidente Donald Trump calificó como “muy respetado”. El expediente judicial se centra en graves cargos de narcoterrorismo y conspiración para el tráfico internacional de drogas, delitos por los que Maduro fue imputado formalmente por Estados Unidos desde 2020.
De acuerdo con la acusación, Maduro habría liderado y facilitado redes de narcotráfico destinadas a introducir grandes cargamentos de cocaína en territorio estadounidense, utilizando estructuras del Estado venezolano y vínculos con organizaciones criminales internacionales. De ser hallado culpable, el exmandatario podría enfrentar penas de entre 20 años de prisión y cadena perpetua.

En paralelo al proceso judicial, Trump aseguró la noche del domingo que la vicepresidenta del régimen chavista, Delcy Rodríguez, “está cooperando” con Estados Unidos en el marco de una transición política en Venezuela. Poco después, Rodríguez emitió un mensaje en el que solicitó una relación “equilibrada y respetuosa” con Washington e instó a “trabajar juntos en una agenda de cooperación” tras la captura de Maduro.
Mientras tanto, funcionarios estadounidenses avanzan en gestiones para la conformación de un gobierno interino en Venezuela. El secretario de Estado, Marco Rubio, indicó que la prioridad de Washington es definir políticas de transición y preservar la influencia de Estados Unidos en el país sudamericano durante el nuevo escenario político abierto tras la detención del líder chavista.
La comparecencia de Maduro ante la justicia estadounidense marca un hecho sin precedentes en la historia reciente de América Latina, con repercusiones políticas, judiciales y diplomáticas inmediatas para Venezuela y la región, mientras la comunidad internacional sigue de cerca el desarrollo del proceso y el futuro del país caribeño.








