París, 28 dic.- La actriz y cantante francesa Brigitte Bardot falleció a los 91 años, según informó este domingo la Fondation Brigitte Bardot en un comunicado oficial remitido a los medios de comunicación. La organización expresó su “inmensa tristeza” por la muerte de su fundadora y presidenta, a quien definió como una figura “de renombre mundial” que decidió abandonar una carrera artística de enorme prestigio para dedicar su vida y su energía a la defensa del bienestar animal. El comunicado no precisó ni el lugar ni la causa del fallecimiento.

Nacida el 28 de septiembre de 1934 en París, Brigitte Bardot fue una de las personalidades más influyentes, admiradas y controvertidas del siglo XX. Su irrupción en la escena internacional se produjo en 1956 con la película “…Y Dios creó a la mujer”, dirigida por Roger Vadim, quien entonces era su esposo. El filme no solo la catapultó al estrellato mundial, sino que marcó un punto de inflexión en la representación de la sexualidad femenina, rompiendo con los códigos morales dominantes de la época. La cinta fue considerada escandalosa, pero convirtió a Bardot en un mito erótico, un símbolo de libertad y, de manera inesperada, en un referente feminista por su desafío abierto a las convenciones sociales.

Durante casi dos décadas de carrera, Bardot protagonizó más de 45 películas y grabó más de 70 canciones, colaborando con algunos de los cineastas más importantes del cine europeo, entre ellos Jean-Luc Godard y Louis Malle. Entre sus trabajos más recordados figuran “La verdad” (La vérité, 1960), interpretación que le valió el David di Donatello, el máximo galardón del cine italiano, y “El desprecio” (Le Mépris, 1963), dirigida por Godard, que consolidó su estatus como musa y leyenda del séptimo arte. Su presencia magnética, su naturalidad ante la cámara y su estilo rompedor redefinieron el papel de la mujer en el cine de su tiempo.

En 1973, cuando se encontraba en la cima de su popularidad y con apenas 39 años, Bardot tomó una decisión que sorprendió al mundo: abandonó definitivamente el cine. Definió la fama como una “prisión dorada” y expresó la necesidad de encontrar un propósito vital más profundo. A partir de ese momento, volcó toda su energía en el activismo animalista, causa que consideró el verdadero sentido de su vida. En 1986, fundó la Fondation Brigitte Bardot, que se convirtió en una de las organizaciones más influyentes en la lucha contra el maltrato animal, la caza de focas, la experimentación científica con animales y otras prácticas que consideraba crueles.

El impacto de su activismo fue global. Una de las imágenes más icónicas de esta faceta fue la fotografía tomada en 1977 en Terranova, Canadá, donde apareció abrazando una cría de foca. La imagen dio la vuelta al mundo y contribuyó a que varios gobiernos adoptaran restricciones e incluso prohibiciones sobre la caza de estos animales. Bardot utilizó su notoriedad internacional para presionar a las autoridades, denunciar abusos y promover cambios legislativos, convencida de que ese sería su principal legado. En 2025, en una entrevista con BFMTV, la primera concedida a una televisión en más de una década, afirmó que la defensa de los animales era “la obra de su vida”.

Su vida personal estuvo marcada por la intensidad y la polémica. Se casó en cuatro ocasiones y mantuvo relaciones sentimentales que acapararon la atención de la prensa internacional. Su matrimonio con el actor Jacques Charrier y la compleja relación con su único hijo, Nicolas, generaron controversia, especialmente tras las denuncias presentadas en 1996 por Charrier y su hijo a raíz de las declaraciones de Bardot en su autobiografía, donde relató episodios dolorosos de su vida familiar.

Bardot también fue musa de artistas e intelectuales. El músico Serge Gainsbourg compuso para ella la canción “Je t’aime… moi non plus”, grabada en 1967. La pieza, considerada provocadora por su contenido erótico, fue inicialmente archivada y no vio la luz hasta 1986. El Vaticano llegó a calificarla de obscena. Gainsbourg y Bardot colaboraron además en el álbum “BB”, que incluyó temas emblemáticos como “Bonnie & Clyde”. La filósofa Simone de Beauvoir le dedicó el ensayo “Brigitte Bardot y el síndrome Lolita” (1959), donde analizó su figura como un fenómeno cultural sin precedentes.

En el ámbito público, Bardot fue una figura profundamente controvertida. Apoyó a la política ultraderechista Marine Le Pen, a quien llegó a describir como la “Juana de Arco del siglo XXI”, y fue condenada en cinco ocasiones por incitación al odio debido a declaraciones sobre inmigración e islam en Francia. Durante la pandemia de covid-19, se negó a vacunarse y se mostró crítica con el movimiento #MeToo, posturas que reavivaron el debate en torno a su figura.

En sus últimos años, residió en Saint-Tropez, donde llevó una vida relativamente retirada, aunque continuó participando en debates públicos, especialmente sobre bienestar animal y política. Su última gran campaña, en 2025, estuvo dirigida a prohibir la caza de montería en Francia, práctica que calificó de “extremadamente cruel”.

La muerte de Brigitte Bardot marca el final de una era para el cine francés y para el activismo animalista internacional. Admirada y criticada a partes iguales, su legado permanece como el de una mujer que revolucionó la cultura, la moda y el arte, y que dedicó la segunda mitad de su vida a una causa que defendió con la misma pasión con la que deslumbró en la pantalla. Su figura seguirá siendo objeto de debate, admiración y estudio como una de las personalidades más singulares e influyentes de los siglos XX y XXI.

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