Ottawa, 28 dic.- El federalismo canadiense representa hoy una amenaza más grave para Quebec que los propios Estados Unidos liderados por Donald Trump, según afirmó el líder del Bloc Québécois, Yves-François Blanchet, en una extensa entrevista de balance de fin de año concedida al diario La Presse. Con un discurso cargado de matices políticos, Blanchet situó el principal riesgo para la nación quebequense en Ottawa, a la que acusa de aplicar políticas contrarias a los intereses, valores y aspiraciones de Quebec, especialmente en materia de inmigración, identidad cultural y lengua francesa.
El dirigente soberanista sostuvo que las decisiones del Gobierno federal en inmigración están obstaculizando seriamente la integración de los recién llegados, debilitando el carácter francófono, laico e igualitario de la sociedad quebequense. A su juicio, Ottawa favorece un modelo que termina por “guetizar Montreal”, profundizando la brecha entre la metrópoli y el resto de las regiones de Quebec, y fomentando comunidades que no adoptan el francés como lengua común. “Si no logramos integrar a la población inmigrante en nuestros valores fundamentales, evidentemente ponemos en peligro nuestro propio futuro”, advirtió Blanchet.
En contraste, el líder del Bloc relativizó la amenaza que representa Donald Trump, al recordar que su mandato tiene un horizonte temporal limitado. “Trump estará allí unos tres años más”, señaló, aunque reconoció que su presidencia ya ha transformado profundamente a Estados Unidos, que seguirá siendo un país proteccionista. Durante su último mandato, el presidente estadounidense desató una guerra comercial contra Canadá, imponiendo aranceles considerados prohibitivos a sectores clave como el aluminio, el acero, la industria automotriz y la madera, con un impacto directo en la pérdida de miles de empleos en Quebec y en el resto del país, además de deteriorar las relaciones bilaterales a niveles históricamente bajos.
Pese a ese contexto, Blanchet afirmó no haber creído “ni por un segundo” en la narrativa del llamado “Estado 51”, difundida por Trump y asociada a supuestas ambiciones expansionistas sobre Canadá. Sin embargo, reconoció que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que plantea la extensión de la dominación estadounidense en el hemisferio occidental y el control de “activos estratégicamente vitales”, ha generado inquietud en sectores del Gobierno canadiense. Un influyente ministro del gabinete del primer ministro Mark Carney, el titular de Recursos Naturales Tim Hodgson, calificó este documento como una “llamada de atención” para Canadá, dada la profunda interdependencia económica entre ambos países.
Blanchet desestimó esas advertencias, acusando a los liberales de utilizar el miedo como herramienta política para preservar un mandato debilitado. “Están empezando a usar el miedo de nuevo para intentar salvar un poder erosionado por fracasos repetidos. Eso no funcionará en Quebec”, afirmó. Según el líder del Bloc, esta estrategia fue clave para la victoria electoral de Mark Carney, al explotar el temor a Trump y a una supuesta pérdida de soberanía.
En el plano interno, Blanchet reconoció que, tras las últimas elecciones federales, ofreció a los liberales una cooperación temporal, incluso planteando la posibilidad de sostenerlos en el poder durante al menos un año. Esta postura fue duramente criticada por el líder del Parti Québécois, Paul St-Pierre Plamondon, quien acusó al Bloc de legitimar a Carney como un socio válido para Quebec, limitando así el margen de maniobra del soberanismo. Incluso la revista Maclean’s llegó a incluir a Blanchet en el llamado “Team Canada (for now)”, una etiqueta que hoy el propio dirigente admite, entre risas, que “no ha envejecido bien”.
La relación con los liberales se deterioró aún más tras la aprobación acelerada del proyecto de ley C-5, que elimina barreras interprovinciales al comercio y acelera proyectos de interés nacional. Blanchet denunció que esta ley otorga al ministro poderes excesivos para suspender leyes vigentes, algo que calificó como incompatible con una democracia del G7. A su juicio, el Partido Liberal muestra ahora “grietas” evidentes, especialmente al abandonar partes de su política climática y abrir la puerta a nuevos oleoductos, como el que conectaría Alberta con la costa oeste de Columbia Británica.
Para Blanchet, si Mark Carney realmente aspira a convertir a Canadá en una superpotencia energética, debería apostar por la energía limpia, en particular por la hidroelectricidad de Quebec, cuyo principal mercado natural es el noreste de Estados Unidos, una región mayoritariamente demócrata. Esta visión pone de relieve una paradoja política: mientras Ottawa busca diversificar el comercio alejándose de Washington, el movimiento soberanista quebequense defiende mantener relaciones comerciales sólidas con Estados Unidos.
En declaraciones particularmente duras, Blanchet arremetió contra los federalistas, a quienes describió como “canadienses, no quebequenses”, y criticó la falta de un argumento federalista coherente. Sobre Mark Carney, fue aún más tajante: lo acusó de actuar como el director ejecutivo de “Canada Inc.”, con un plan de negocios orientado a aumentar el valor de las acciones de las compañías petroleras, en las que él mismo tendría intereses, mientras el programa político quedaría en segundo plano.
Finalmente, Blanchet abordó el escenario de un eventual triunfo del ‘Sí’ en un referéndum de soberanía. Según su visión, Canadá llamaría al diálogo, Estados Unidos instaría a ambas partes a negociar y el mundo seguiría funcionando con normalidad. Incluso aseguró que, en un primer momento, las leyes canadienses seguirían vigentes en Quebec hasta ser reemplazadas por la Asamblea Nacional. Su mayor arrepentimiento político en 2025, confesó, fue no haber logrado organizar un gran debate soberanista en la cadena TVA, convencido de que ello habría fortalecido significativamente la representación parlamentaria del Bloc.




