Toronto (Canadá), 28 oct.- Estos días, resulta imposible recorrer una ciudad canadiense sin toparse con el logo de los Blue Jays, el equipo de béisbol de Toronto que disputa la Serie Mundial frente a los Los Ángeles Dodgers. Lo que pocos saben es que ese símbolo omnipresente —la cabeza de un azulejo con una hoja de arce— tiene un origen español y un autor aragonés: Francisco Belsué.
El lunes por la noche, unas 30.000 personas llenaron el Rogers Centre de Toronto para seguir el tercer partido de la serie, disputado en Los Ángeles. Casi todos vestían orgullosamente la camiseta azul con el logotipo del equipo, convertido en un emblema nacional. En un país donde los Blue Jays son el único equipo canadiense en la Major League Baseball (MLB), su presencia en la Serie Mundial ha despertado un patriotismo renovado en medio de las tensiones con Estados Unidos y las críticas diarias de Donald Trump hacia Canadá.
El nacimiento del emblema
En 1976, cuando Toronto consiguió la segunda franquicia no estadounidense de la MLB —tras los Montreal Expos—, la cervecera Labatt, principal accionista del nuevo equipo, abrió un concurso público para elegir nombre y logo. Entre miles de sugerencias, triunfó “Blue Jays”.
La firma encargada de diseñar el logotipo fue Savage Sloan, y su equipo creativo lo lideró Francisco (Paco) Belsué, un diseñador gráfico español afincado en Canadá desde finales de los años sesenta. Fallecido en 2011 en Toronto, Belsué sería el responsable de crear uno de los símbolos más reconocibles del deporte canadiense.
Según relató Richard Walker, directivo de Labatt que supervisó el proceso, Belsué logró unir todos los elementos visuales en una composición equilibrada: el nombre del equipo, la cabeza de un azulejo norteamericano, una hoja de arce (símbolo nacional canadiense) y una pelota de béisbol con sus costuras, todo dentro de un círculo con los colores blanco, azul y rojo.
Aunque el primer director general del club, Peter Bavasi, dudaba sobre incluir la hoja de arce o usar una paleta tricolor, Walker convenció al presidente de Labatt, Don McDougall, de aprobar el diseño de Belsué. Aquel logotipo fue recibido con entusiasmo y se convirtió rápidamente en el rostro visual de los Blue Jays.
Walker recordaría años después cómo el equipo de diseño pasó horas puliendo cada detalle, incluso “la pequeña pieza que formaba el ojo del pájaro”. “Todo el interletrado, los espacios entre las letras, se hicieron manualmente, sin ordenadores. Queríamos un pájaro ‘amistoso’, cercano al público”, explicó.
Un pionero aragonés del diseño
La historiadora Carlota Sen Lafuente describe a Francisco Belsué como uno de los pioneros del diseño moderno en Aragón durante los años sesenta. Antes de emigrar, trabajó en agencias zaragozanas como Danis, Bellca y Karman, junto a figuras como Juan Tudela y José Luis López Velilla.
En 1968, Belsué decidió probar suerte en Canadá, donde Savage Sloan reconoció rápidamente su talento. Ocho años después de su llegada, el diseñador español creó un logotipo que trascendería fronteras, ocupando portadas en todo el mundo cuando los Blue Jays conquistaron la Serie Mundial de 1992 y 1993.
El éxito de aquel emblema radicó en su claridad visual, su síntesis simbólica y su armonía cromática, que lo hicieron fácilmente reconocible y adaptable a cualquier medio.
La evolución del símbolo
En 1997, el equipo modernizó el logo, alterando la tipografía, ampliando la hoja de arce y reduciendo la figura del azulejo. En 2002, se lanzó un rediseño más radical, con una gran “T” de Toronto y un pájaro con aspecto más agresivo, sin el nombre del equipo. Sin embargo, aquel experimento apenas duró un año.
En 2004, el club apostó por un estilo más sobrio con solo la palabra “Jays” y una cabeza de pájaro estilizada. Pero fue en 2012 cuando los Blue Jays decidieron volver al diseño original de Belsué, con ligeras actualizaciones. Recuperaron los colores originales, el pájaro volvió a lucir su expresión “amistosa” y la hoja de arce roja retomó su lugar en el círculo que enmarca el logotipo.
Hoy, el diseño de Belsué sigue siendo un símbolo de identidad nacional y un tributo silencioso al talento español que ayudó a dar rostro a uno de los equipos más queridos de Canadá. Su legado, grabado en millones de gorras y camisetas, demuestra que un buen diseño no envejece: se convierte en historia.







