Quito, 26 sep (EFE).- Ecuador enfrenta una nueva oleada de masacres carcelarias que han dejado al menos 30 reclusos asesinados en menos de una semana, rompiendo casi un año de relativa calma en los penales, pese a la militarización de las prisiones decretada por el presidente Daniel Noboa.
El lunes, la cárcel de Machala, ubicada cerca de la frontera con Perú, fue escenario de una brutal matanza que dejó trece reclusos y un guardia penitenciario muertos. Tres días después, la violencia se repitió en la prisión de Esmeraldas, en la frontera con Colombia, donde al menos 17 reclusos perdieron la vida en un ataque perpetrado por internos de la banda Los Tiguerones contra facciones rivales como Los Lobos y Los Choneros.
Emboscadas con extrema crueldad
Según la Fiscalía, ambos ataques comenzaron con un mismo patrón: los reclusos fingieron la enfermedad o muerte de un compañero para atraer a los agentes de seguridad y luego emboscarlos. Esto les permitió irrumpir en otras áreas del penal y desatar ataques con extrema violencia, que incluyeron mutilaciones y decapitaciones, cuyos registros gráficos circularon en redes sociales.
En Machala, la Policía atribuyó la masacre a la facción Sao Box de Los Lobos, que buscaba venganzas internas contra otra división del mismo grupo. En Esmeraldas, los atacantes no solo usaron armas blancas introducidas ilegalmente, sino que también lograron arrebatarle su fusil a un militar al que dejaron herido.
Crisis de seguridad sin precedentes
Desde 2020, más de 600 presos han sido asesinados en una serie de masacres carcelarias en Ecuador, reflejo del conflicto entre bandas criminales que disputan el control de las prisiones y mantienen nexos con el narcotráfico internacional.
Esta situación llevó a Noboa a declarar en enero de 2024 un “conflicto armado interno” en el país y a ordenar la militarización de las cárceles, con el objetivo de recuperar el control estatal sobre un sistema penitenciario dominado por las mafias.
Sin embargo, los últimos ataques evidencian que el poder de las bandas persiste dentro de los penales, incluso bajo supervisión militar.
Contexto social y político
Las nuevas matanzas ocurren en paralelo a un paro nacional convocado por el movimiento indígena en protesta por la eliminación del subsidio al diésel, lo que ha elevado las tensiones en un país ya sumido en una espiral de violencia y crisis política.
El Gobierno de Noboa, que hasta ahora ha guardado silencio público sobre los hechos, enfrenta crecientes críticas por no ofrecer información transparente y por la falta de resultados en su política de seguridad, mientras la violencia carcelaria vuelve a golpear la imagen internacional de Ecuador.




