WASHINGTON, 17 sep.- La intensificación de las redadas migratorias en Washington D.C. bajo la administración del presidente Donald Trump ha sembrado miedo en comunidades inmigrantes y está impactando directamente en la educación de miles de niños, muchos de ellos ciudadanos estadounidenses. Historias como la de una madre guatemalteca de 40 años, cuyos tres hijos nacieron en la capital, reflejan el drama humano detrás de las cifras. Su esposo fue detenido cuando salió a comprar leche y pañales, deportado días después, y ahora ella teme incluso llevar a sus hijos a la escuela.
En vecindarios como Mount Pleasant, donde conviven familias inmigrantes y residentes de clase alta, la presencia constante de agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha transformado la rutina diaria en una pesadilla. Padres organizan “autobuses a pie” para acompañar a los niños a la escuela, mientras voluntarios con chalecos naranjas vigilan las esquinas para alertar con silbatos si aparecen agentes federales.
Según el profesor y miembro de la Junta Estatal de Educación, Ben Williams, “el impacto ha sido un miedo y terror inmenso que amenaza la seguridad de los estudiantes al ir y venir de la escuela todos los días”.
Consecuencias en la asistencia escolar
Estudios académicos han demostrado que las redadas afectan el rendimiento y la asistencia escolar. En California, un análisis del economista de Stanford Thomas Dee reveló un aumento del 22% en ausencias tras las operaciones migratorias de 2017. En Washington, aunque las autoridades locales no ofrecen cifras claras, maestros y directores advierten que la asistencia ha disminuido en comunidades con alta presencia latina.
El temor se ha agudizado desde que Trump derogó un memorando que restringía el ingreso de agentes federales a escuelas e iglesias. Aunque ICE asegura que no realiza arrestos dentro de los planteles, la percepción en las comunidades es otra. Para Emma Leheny, exabogada del Departamento de Educación, “cuando ICE rodea nuestras escuelas o nos deja con la impresión de que podrían hacerlo, el efecto es un miedo inmediato que se extiende más allá del edificio escolar”.
Millones de niños afectados
De acuerdo con el Pew Research Center, en 2023 había 4,6 millones de niños estadounidenses que vivían con al menos un padre indocumentado, además de 1,5 millones de menores sin estatus legal propio. En muchos casos, el miedo a la deportación separa familias y obliga a los niños a cargar con un trauma silencioso.
La madre guatemalteca que perdió a su esposo deportado admite que ya contempla regresar a su país de origen: “Mi sueño era darles la mejor educación, la que yo no tuve. Ese sueño americano desapareció”. Su hijo mayor aspiraba a ser médico y el segundo, policía. Hoy, todos duermen en la misma cama y despiertan llorando en la madrugada.
El caso de esta familia se suma a una tendencia nacional en la que las políticas migratorias de Trump han provocado no solo deportaciones, sino también fracturas emocionales y educativas en comunidades hispanas que ven desvanecerse la promesa de un futuro mejor en Estados Unidos.








