NUEVA YORK, 7 agosto.– El mundo de la música latina está de luto. El icónico pianista, compositor y director de orquesta Eddie Palmieri, considerado una figura revolucionaria del jazz latino y la salsa, falleció este miércoles a los 88 años en su casa de Nueva Jersey, tras una larga enfermedad, según confirmó su hija Gabriela al New York Times.
Nacido el 15 de diciembre de 1936 en el Spanish Harlem de Nueva York, Palmieri fue pionero en transformar la música tropical al incorporar arreglos de jazz y sonidos afrocaribeños de forma vanguardista. En 1975 se convirtió en el primer artista latino en ganar un premio Grammy con el álbum The Sun of Latin Music, abriendo camino para generaciones futuras de músicos latinos. Ganaría siete Grammys más, además de un Latin Grammy y el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación.
Palmieri dejó un legado de más de 35 producciones discográficas, entre las que destacan Vámonos pa’l monte, Lo que traigo es sabroso, Harlem River Drive y El rumbero del piano. Fue además un innovador en la instrumentación salsera, al fundar en 1961 La Perfecta, una orquesta que reemplazó las tradicionales trompetas por trombones, creando un sonido poderoso y original que marcaría la evolución de la salsa.
A lo largo de su carrera, colaboró con figuras como Ismael Quintana, Barry Rogers, Tito Puente, La India, Lalo Rodríguez y Charlie Palmieri, su hermano mayor, con quien compartió una profunda conexión artística hasta su fallecimiento en 1988.
Conocido por su virtuosismo al piano y su pasión por la improvisación, Palmieri se describía como un “percusionista frustrado” que se desquitaba en las teclas con ritmos explosivos. Su estilo agresivo, impredecible y lleno de alma, rompió moldes y redefinió lo que era posible en el jazz afrocubano.
Además de sus aportes musicales, fue también educador y embajador cultural, llevando su arte a escenarios de África, Asia, Europa, Australia y América Latina. En 2002 recibió el prestigioso Chubb Fellowship Award de la Universidad de Yale, un honor reservado usualmente a jefes de Estado, y en 2010 fue incluido en la Galería de Celebridades del Museo Global de Instrumentos Musicales en Arizona.
En una entrevista con la AP en 2011, bromeó con humildad: “Ser tocador de piano es una cosa. Ser pianista es otra”. Esa búsqueda incansable por el perfeccionismo fue la brújula que guió su extraordinaria carrera.
Eddie Palmieri deja un vacío irremplazable en la música latina, pero su influencia permanece viva en cada descarga, cada clave, cada solo que sacude el alma. Su piano no se silencia: sigue resonando en el corazón del ritmo.




