San Juan, 13 jul.- Con un álbum que fusiona ritmos tradicionales, letras de protesta y referencias culturales locales, Bad Bunny ha convertido su nuevo proyecto, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, en una plataforma para visibilizar las crisis sociales, económicas y políticas que enfrenta Puerto Rico. El fenómeno cultural alcanzó un nuevo hito este viernes con el primero de 30 conciertos en la isla, marcando un hito tanto artístico como político.

La gira —que se espera atraiga a más de 600.000 asistentes y genere alrededor de 186 millones de dólares en impacto económico, según el gobierno— ha transformado al reguetonero en un portavoz involuntario pero poderoso de la realidad puertorriqueña, resonando incluso entre adultos mayores que asistieron recientemente al lanzamiento de un diccionario titulado El ABC de DtMF, que explica referencias del álbum.

Protesta, nostalgia y defensa de la identidad

Durante su concierto en el Coliseo de Puerto Rico, Bad Bunny no escatimó en mensajes contundentes. A minutos de comenzar, una pantalla gigante proclamó:

Puerto Rico es una colonia desde que Cristóbal Colón ‘descubrió’ la isla en 1493”.

La multitud respondió con vítores. El artista, oriundo de Vega Baja, continuó la noche con letras que denuncian la gentrificación, la crisis de vivienda, la migración forzada y la pérdida de identidad cultural. En la canción Qué pasó con Hawaii, lamenta:

“No quería irse pa’ Orlando, pero el corrupto lo echó”.

Y en otra, canta:

“Quieren quitarme el río y también la playa; quieren al barrio mío y que la abuelita se vaya”.

El escenario incluía una recreación de una casa tradicional puertorriqueña, desde cuyo techo Bad Bunny reflexionó:

“¿Será de gente buena? ¿Será de Airbnb?”.

Estas escenas han despertado resonancia emocional entre muchos sectores de la sociedad. Carmen Lourdes López Rivera, de la Junta Comunitaria de La Perla —una zona en disputa por su ubicación privilegiada— afirmó:

“Siempre han dicho que nos quieren sacar de aquí. Vamos a luchar por lo que a nosotros nos pertenece”.

Renacimiento cultural y efecto educativo

El impacto cultural también ha sido notable. El uso de géneros tradicionales como la bomba y la plena ha revivido el interés por la música folclórica, según maestros como Jorge Gabriel López Olán, quien ahora atiende a decenas de nuevos alumnos.

“Es bien necesario entender de dónde venimos y de dónde sale esta música nuestra y la cultura”, expresó el músico.

Universidades como Princeton y Yale ya ofrecen cursos sobre Bad Bunny. El profesor Albert Laguna de Yale afirma que su proyecto representa un acto de resistencia:

“En lugar de ir yo al mundo, voy a empezar aquí”.

Incluso ha habido un repunte en el interés por el sapo crestado puertorriqueño, especie en peligro de extinción que aparece en los videos del álbum. Organizaciones ambientalistas como Ciudadanos del Karso reportan un aumento en los avistamientos ciudadanos desde el lanzamiento del álbum.

De la música al activismo

Bad Bunny ha generado lo que muchos consideran un movimiento cultural con impacto político. Con frases punzantes y escenarios simbólicos, el artista ha canalizado el descontento de una población golpeada por años de crisis económica, apagoness, emigración forzada y un estatus político colonial que limita sus derechos.

“Crea un interés en la situación de Puerto Rico histórica y creo que lo hizo de una forma maravillosa”, afirmó Abel Vale Nieves, de Ciudadanos del Karso.

La figura del artista ha logrado conectar generaciones y estratos sociales. Personas como Luis Rosado, de 57 años, lo resumen así:

“Él va a hacer un cambio, y hay una juventud que lo va a apoyar”.

Mientras avanza su gira, crece también la esperanza de que, finalmente, el mundo escuche y comprenda la realidad de Puerto Rico.

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