OTTAWA, 30 junio.- Pierre Poilievre, líder del Partido Conservador de Canadá, se postulará en la elección parcial del distrito rural de Battle River—Crowfoot, en Alberta, el próximo 18 de agosto, en lo que podría parecer un regreso seguro al Parlamento. Sin embargo, la creciente ola separatista en la provincia y el simbolismo de su nuevo distrito podrían convertir esta jugada estratégica en un terreno político arriesgado.
El distrito, uno de los más conservadores del país, fue representado por Damien Kurek, quien ganó con más del 82 % de los votos en abril antes de renunciar para dejar paso a Poilievre. Aun así, el contexto político en Alberta ha cambiado rápidamente.
Separatismo al alza
El sentimiento independentista se ha intensificado desde que los liberales de Mark Carney ganaron las elecciones federales en abril, y la primera ministra provincial, Danielle Smith, ha capitalizado ese descontento. Su gobierno está por implementar una ley que facilitará la realización de referendos, incluso sobre la independencia de Alberta.
Uno de los grupos más activos, el Proyecto de Prosperidad de Alberta, planea lanzar una petición para convocar un referéndum con la pregunta:
“¿Está usted de acuerdo con que la provincia de Alberta se convierta en un país independiente y deje de ser una provincia de Canadá?”
Aunque las provincias no pueden separarse de forma unilateral según la Constitución canadiense, los activistas esperan generar presión política. El exministro conservador Stockwell Day incluso ha apoyado la idea de un referéndum.
En este clima, Poilievre podría verse atrapado en un debate incómodo: no solo tendría que distanciarse del separatismo para mantener una imagen nacional, sino también enfrentar presiones locales para pronunciarse más agresivamente sobre los agravios albertanos.
Un distrito con historia separatista reciente
En la elección provincial parcial reciente en Olds—Didsbury—Three Hills —distrito que se superpone parcialmente con Battle River—Crowfoot—un candidato separatista obtuvo casi el 18 % de los votos, una señal clara de que el separatismo no es una corriente marginal.
Janet Brown, analista política en Calgary, advierte que lo que parecía una elección sin obstáculos podría transformarse en un campo minado:
«A primera vista parece fácil, pero es más complicado. Los separatistas y sus opositores intentarán provocarlo para que se involucre en el debate, algo que solo le perjudicaría a nivel federal.»
Kory Teneycke, estratega conservador, fue más tajante:
«Poilievre debería decir abiertamente que esto es malo para Alberta y malo para Canadá siquiera tener esta conversación.»
Poilievre, entre dos fuegos
Poilievre ha dejado clara su oposición a la separación:
“Los albertanos quieren ser parte de un Canadá unido, pero merecen respeto y reconocimiento por su contribución. Yo seré unificador”, declaró en mayo.
Sin embargo, la presión local podría obligarlo a mantener esa postura bajo un escrutinio constante. Como nuevo diputado por Alberta, deberá enfrentar a una base política que, según encuestas, incluye a un tercio de votantes que creen que Alberta estaría mejor como nación independiente.
El alcalde de Trochu, Barry Kletke, lo resumió así:
“Estoy contento de que venga, pero espero que no quede atrapado en la madriguera de la separación. La retórica separatista nos va a morder el trasero un día de estos.”
¿Qué sigue para Poilievre?
Tras perder su antiguo escaño en Carleton (Ontario) ante el liberal Bruce Fanjoy, Poilievre ha intensificado su presencia en Alberta. En sus redes sociales se le ve asistiendo a eventos comunitarios, rodeado de agricultores, veteranos y familias en actividades locales.
Pero su permanencia en Battle River—Crowfoot podría ser breve: Kurek ya ha declarado que planea postularse nuevamente en las próximas elecciones generales. Poilievre, por ahora, solo busca asegurar su regreso al Parlamento en septiembre.
En un contexto nacional donde los debates sobre el federalismo, la energía y la identidad canadiense se tensan, su elección en Alberta podría traerle más dolores de cabeza que estabilidad.
Lo que parecía una ruta rápida de regreso al poder legislativo podría convertirse en un campo minado político.








