Madrid, 22 junio.- La situación de las personas sin hogar que utilizaban el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas como refugio nocturno ha cambiado radicalmente tras cumplirse un mes de la implementación de controles de acceso en el aeropuerto.
Desde el 21 de mayo, se restringe la entrada al aeropuerto entre las 21:00 y las 05:00 horas, permitiendo solo el acceso a pasajeros con billete o tarjeta de embarque, acompañantes y trabajadores acreditados. Esta medida, impulsada por Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) y respaldada por la abogacía del Estado, busca contener la crisis generada por la presencia de personas sin hogar en las terminales.
Pilar Algárate, secretaria general de Cáritas Madrid, indicó que actualmente unas 150 personas pernoctan en el aeropuerto, una cifra inferior a la registrada antes de la restricción, cuando un estudio entre marzo y abril de 2025 contabilizó entre 271 y 421 personas sin hogar durmiendo en las terminales. La medida ha obligado a muchos a buscar alternativas precarias fuera del aeropuerto, aunque algunos aún duermen en accesos secundarios como las escaleras mecánicas de la terminal 4.
Algárate destacó que la diversidad de la realidad de estas personas es amplia: muchas cuentan con empleo pero no pueden afrontar un alquiler, otras han perdido su vivienda por problemas de salud mental, falta de redes familiares o dificultades para empadronarse. Además, aseguró que los problemas de robos, prostitución, drogadicción o chinches son incidentes puntuales, no representativos.
Para abordar la situación, Aena y el Ayuntamiento de Madrid acordaron a finales de mayo la elaboración de un censo, a cargo de la consultora Fresno, que está próximo a iniciarse tras la coordinación de varias administraciones y organizaciones sociales. Este censo permitirá diseñar respuestas integrales para atender a las personas sin hogar y ofrecer alternativas habitacionales y acompañamiento social.
Mientras tanto, el descenso en la presencia de personas sin techo en el aeropuerto se atribuye tanto a las restricciones como a la llegada del buen tiempo, que facilita que algunos puedan optar por dormir en otros espacios urbanos menos hostiles que en invierno.








