MADRID, 12 junio. – En el corazón de Madrid, el restaurante Sobrino de Botín ostenta con orgullo desde 1987 el récord Guinness como el restaurante más antiguo del mundo, abierto de forma ininterrumpida desde 1725. Sin embargo, a las afueras de la capital española, en el barrio de Fuencarral, un establecimiento más modesto pero lleno de historia, Casa Pedro, asegura tener una antigüedad aún mayor, lo que la convertiría en una fuerte candidata para arrebatarle el prestigioso título.

“Da mucha rabia cuando dices que ‘sí, que somos desde 1702’, pero llega un momento en que no puedes seguir demostrándolo”, lamenta Irene Guiñales, actual propietaria de octava generación. Su familia contrató a un historiador para rastrear los orígenes del local, y hasta ahora han hallado documentación que prueba su existencia al menos desde 1750. Si logran demostrar que sus operaciones comenzaron realmente en 1702, como reza en su logotipo y menús, podrían reescribir la historia gastronómica mundial.

Dos templos de la cocina castellana

Ambos restaurantes tienen mucho en común: son de gestión familiar, ofrecen clásicos castellanos como cochinillo asado y callos, y conservan una estética tradicional con azulejos españoles, techos de madera expuesta y bodegas subterráneas. No obstante, sus caminos y clientelas difieren considerablemente.

Mientras Botín, ubicado a pasos de la Plaza Mayor, figura en las guías turísticas y ha sido inmortalizado por escritores como Ernest Hemingway, Casa Pedro recibe una clientela fiel y mayoritariamente local. La taberna comenzó como una posada en el camino hacia Francia y hoy sigue siendo el punto de encuentro semanal de vecinos como David González y Mayte Villena, quienes almuerzan allí cada viernes.

Entre reyes y turistas

El linaje de celebridades en Botín es extenso: Truman Capote, F. Scott Fitzgerald y Graham Greene están entre quienes saborearon sus platos. En cambio, Casa Pedro presume de fotos con Juan Carlos I y visitas discretas del actual rey, Felipe VI.

Una batalla por el reconocimiento

El récord Guinness exige pruebas sólidas: el restaurante debe haber operado de forma continua, en el mismo lugar, con el mismo nombre. Botín lo ha cumplido, con una única pausa durante la pandemia, lo mismo que Casa Pedro. La familia Guiñales sigue buscando evidencia que permita formalizar su reclamo, aunque reconocen que parte de los archivos se perdieron durante la Guerra Civil Española.

En los archivos nacionales hallaron registros del siglo XVIII que prueban la existencia de una taberna, bodega y posada desde 1750, pero aún falta un documento que confirme las operaciones desde 1702. “Es un sueño”, dice Guiñales, sobre la posibilidad de ser reconocidos oficialmente.

Otros contendientes globales

Aunque otros restaurantes en el mundo aseguran una historia más longeva —como Le Procope en París (1686), Bianyifang en Pekín (1416), o La Campana en Roma (más de 500 años)—, muchos no cumplen con los estrictos criterios de Guinness. Algunos, como La Campana, ya han anunciado su intención de presentar pruebas formales.

Mientras tanto, Casa Pedro sigue sirviendo platos tradicionales con orgullo y esperando que la historia, y quizás Guinness, le den finalmente la razón.

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