Niza, 9 junio.- Líderes mundiales, científicos y representantes de más de 100 países se reúnen esta semana en Niza, Francia, para participar en la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, un foro crucial para abordar la creciente crisis ambiental que afecta a los mares del planeta. La cita, que se extenderá hasta el 13 de junio, tiene como objetivo acelerar la protección de los ecosistemas marinos, duramente golpeados por el cambio climático, la contaminación plástica, la sobrepesca y la minería submarina.
El secretario general de la ONU, António Guterres, lanzó un llamado urgente a los gobiernos del mundo para que ratifiquen el Tratado de Alta Mar, aprobado en 2023, el cual busca establecer áreas marinas protegidas en aguas internacionales, que representan el 64 % de los océanos y están en gran parte desreguladas.
“El océano es el recurso compartido por excelencia. Pero estamos fallando”, advirtió Guterres al inaugurar la conferencia, subrayando el colapso de poblaciones de peces, la acidificación del océano y el aumento del nivel del mar como señales de un ecosistema global en crisis.
Un tratado clave, pero con ratificación pendiente
El Tratado de Alta Mar sólo entrará en vigor cuando al menos 60 países lo ratifiquen. Hasta ahora, 50 ya lo han hecho y otros 15 han prometido sumarse, según anunció el presidente francés Emmanuel Macron, coanfitrión del evento. No obstante, Estados Unidos no figura entre ellos.
Rebecca Hubbard, directora de The High Seas Alliance, confirmó que Estados Unidos no ratificará el tratado ni durante ni después de la conferencia, lo que significa que no estará legalmente obligado a respetarlo.
“Su implementación tardará años, pero es fundamental empezar ahora. No permitiremos que la ausencia de EE.UU. lo impida”, aseguró Hubbard.
La postura estadounidense responde a una política ambiental regresiva, intensificada con el regreso a la escena internacional del expresidente Donald Trump, quien retiró al país de proyectos climáticos globales y ahora impulsa la explotación minera en aguas profundas, en contra de la petición de destacados científicos oceánicos de prohibir dicha práctica.
Canadá, cerca de ratificar
Canadá, por su parte, ha firmado el tratado pero aún no lo ha ratificado. El primer ministro Mark Carney, en plena campaña, prometió avanzar en ese proceso «lo antes posible». Varios científicos canadienses presentes en Niza presionan para que Ottawa acelere el trámite y adopte una posición más firme contra la minería submarina.
Macron y William alzan la voz
El presidente Macron lamentó la falta de compromiso estadounidense:
“No es una sorpresa. Conocemos la posición de la administración estadounidense sobre estos temas”, dijo el mandatario a la prensa.
El príncipe William, presente en la conferencia, destacó que proteger los océanos es “un desafío como ningún otro que hayamos enfrentado”, haciendo eco del clamor científico que exige acciones inmediatas y concretas.
¿Por qué es tan urgente?
Los océanos absorben cerca del 30 % del dióxido de carbono emitido a la atmósfera y generan más de la mitad del oxígeno del planeta. Sin embargo, el aumento de la temperatura marina está debilitando esta capacidad de absorción, al mismo tiempo que devasta ecosistemas clave como los arrecifes de coral y pone en riesgo la seguridad alimentaria de millones.
“Estos son síntomas de un sistema en crisis que se retroalimentan. Deshacen las cadenas alimentarias, destruyen medios de vida y profundizan la inseguridad”, concluyó Guterres.
La conferencia de Niza busca traducir años de promesas en acciones vinculantes. Sin el apoyo pleno de potencias como Estados Unidos, el reto se multiplica, pero los organizadores insisten: no hay tiempo que perder si se quiere salvar la vida marina y evitar un colapso ecológico sin precedentes.








