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Fue al cine más de 1.200 veces en un año y batió un récord Guinness: cómo organizó sus días

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Redacción, 31 de octubre.- Ir al cine tres veces por día parece una rutina difícil de sostener. Para Glenwood Hoskin Jr., un jubilado estadounidense de 60 años, se convirtió en la organización cotidiana que le permitió conseguir un récord Guinness: 1.207 funciones cinematográficas vistas en doce meses. La marca se registró el 31 de marzo de 2025 en Pensilvania, aunque Guinness World Records publicó los detalles de su historia el 30 de octubre de 2026.

El logro superó ampliamente el antecedente de 777 funciones, que pertenecía a Zachariah Swope. La diferencia fue de 430 asistencias. Más allá de la cifra, la historia muestra cómo una afición personal puede transformarse en un proyecto prolongado que exige planificar horarios, comidas y desplazamientos sin abandonar el objetivo.

Hoskin frecuentó una sala de cine en York Haven, Pensilvania, entre abril de 2024 y marzo de 2025. El promedio de 3,3 películas por día no significa que acudiera siempre exactamente a tres proyecciones: algunos días podía sumar más funciones y otros menos, según la programación disponible.

Su método comenzaba antes de entrar. Consultaba las carteleras y elegía combinaciones que permitieran encadenar distintas sesiones, desde las primeras funciones de la mañana hasta la medianoche. Para aprovechar el tiempo, debía prestar atención tanto a la duración de cada película como a los intervalos entre proyecciones.

El calendario también fue parte de la estrategia. Como prefería evitar los traslados durante el invierno, decidió iniciar el desafío en primavera e intentar superar la marca anterior antes de los meses de frío. El invierno resultó relativamente benigno, circunstancia que le permitió continuar y ampliar considerablemente su registro.

La permanencia del título en cartelera condicionaba sus opciones: algunas películas dejaban las salas para pasar a plataformas digitales.

Guinness certificó la cantidad de asistencias, no una lista de 1.207 películas necesariamente diferentes. Esta distinción importa porque ver muchas funciones a lo largo de un año no equivale a demostrar que cada título haya sido distinto.

Una de las particularidades del desafío fue el costo. En lugar de comprar cada entrada de manera individual, Hoskin utilizó un abono mensual de cine que, según la publicación de Guinness, costaba aproximadamente 28 dólares por mes. El sistema le ofrecía acceso a numerosas funciones y reducía el peso económico de una actividad prácticamente diaria.

También preparaba alimentos en su casa y los consumía entre las proyecciones. Así evitaba depender de compras frecuentes dentro del complejo. Durante los descansos aprovechaba para caminar por el exterior y el interior del establecimiento, integrando actividad física a jornadas con muchas horas sentado.

Con el paso de los meses, los empleados y responsables de la sala se familiarizaron con su presencia. Según la historia difundida por Guinness, lo ayudaban a identificar funciones más cortas y a organizar mejor las alternativas de cada jornada.

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