Vancouver, 26 junio.- La selección de Canadá logró una clasificación histórica a la fase de eliminación directa de la Copa del Mundo, aunque el logro llegó acompañado de un hecho inédito: se convirtió en el primer país anfitrión en la historia del torneo que deberá disputar su siguiente partido fuera de sus fronteras.

La derrota por 2-1 ante Suiza en la última jornada del Grupo B obligó al conjunto canadiense a desplazarse a Los Ángeles, donde enfrentará a Sudáfrica en los dieciseisavos de final. Una victoria o un empate habría permitido al equipo permanecer en Vancouver.

El defensor Alistair Johnston reconoció el impacto del resultado, aunque subrayó el orgullo por el avance del equipo: “Por supuesto, nos habría encantado quedarnos en Vancouver”, declaró tras el encuentro.

La situación contrasta con la de los otros dos coanfitriones del torneo, Estados Unidos y México, que lograron ganar sus respectivos grupos y permanecerán jugando en sus territorios durante la siguiente fase.

El seleccionador canadiense, Jesse Marsch, intentó poner el foco en los aspectos positivos del cambio logístico, destacando que el desplazamiento podría reducir la presión del entorno local y permitir una mejor preparación del equipo.

“Habrá beneficios en eliminar distracciones”, señaló el técnico, que ahora centra su planificación en la recuperación física de sus jugadores antes del duelo decisivo.

Canadá afronta así un reto inédito en su historia mundialista: seguir avanzando en el torneo lejos del apoyo directo de su afición local, aunque el cuerpo técnico confía en que la presencia de seguidores canadienses en Estados Unidos pueda mantener el impulso del equipo.

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