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Las opciones de Burnham para acercar el Reino Unido a la UE

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Madrid, 5 de octubre.- «Un sindicalista, un ecologista y un empresario entran en un pub juntos, y el camarero les dice: ‘¿Qué tal estás, Andy?'». Ése fue uno de los chistes de la Conferencia anual del Partido Laborista que terminó el miércoles en Liverpool. «Andy» es Andy Burnham, el primer ministro y líder laborista. Desde que dirige el Gobierno, Burnham ha demostrado una naturaleza capacidad camaleónica, que le lleva de pasar a ser ‘rojo’ a ‘verde’ y a ‘azul’ en fracciones de segundo.

Acaso ésa sea una de las razones por las que, en dos meses y medio, el laborismo haya pasado de rozar el tercer puesto en intención de voto en el Reino Unido. Esa sensación de que tienen posibilidades de ganar en las urnas, después de una cascada de debacles electorales con el anterior primer ministro, Keir Starmer, ha devuelto la esperanza a los laboristas. A eso se suma un programa del primer ministro tan ambicioso como vago.

El mejor ejemplo es la política de Burnham en relación a la UE. En apenas cuatro meses y medio ha pasado de, literalmente, decir que el Reino Unido no iba a volver al bloque, a proponer la posibilidad de que haya un nuevo referéndum. Pero, al mismo tiempo, ha matizado que eso solo se lo planteará después de 2030, y sin descartar tampoco otras opciones, incluyendo la de que todo siga «exactamente como está ahora».

Encima, Burnham tampoco ha dejado claro cuáles son esas opciones. Pero sí hay algo claro: ninguna de ellas -salvo dejar las cosas como están- debería aplicarse en este mandato. La razón es que el Manifiesto -que es, más o menos, el programa electoral- con el que su partido ganó las elecciones en 2024 no solo declara explícitamente que «con el laborismo, el Reino Unido permanecerá fuera de la UE», sino que incluso llega al extremo de dejar claro que ni siquiera «habrá retorno al mercado único, la unión aduanera, o la libertad de movimientos». Romper de manera abierta con el Manifiesto es algo serio en las islas británicas, donde no se lleva bien la idea del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván de que «las promesas electorales están hechas para no ser cumplidas».

Aun con esos condicionantes, las opciones de Londres para acercarse a Bruselas son esencialmente cuatro, de menos a más unión. La más simple sería entrar en la unión aduanera, que implicaría un arancel cero entre el Reino Unido y la UE, pero solo en el comercio de bienes y también que Londres adoptara los aranceles comunitarios con terceros países. Ése es el sistema en el que están varios países europeos, como San Marino y Andorra, y, paradójicamente, tres territorios británicos, uno de ellos, Gibraltar.

Esta relación beneficiaría sobre todo a los exportadores, que han sufrido enormemente por la pérdida del libre acceso al mercado comunitario. Un estudio de la London School of Economics sostiene que las exportaciones de bienes a la UE cayeron un 13,2% tras la salida del mercado único.

Un paso más avanzado sería la entrada en el mercado único. La diferencia con la unión aduanera es que en este caso sí entran los servicios, el Reino Unido acepta las normas y regulaciones de la UE en lo que exporta, y, además, han libertad de movimientos de capitales -algo muy importante para la City, que es el centro financiero de Londres- y de personas, lo que significa que los ciudadanos de la UE pueden trabajar y vivir al otro lado del Canal de la Mancha y viceversa.

Por poner un ejemplo, en el mercado único, el Reino Unido puede fabricar una cocina como las que se hacen en Telford y exportarla a España. Si esa cocina cumple los requisitos técnicos de la UE, entrará sin problemas. Pero, si sus fogones no tienen todo lo que Bruselas demanda, no podrá cruzar la aduana.

Eso es políticamente complejo por tres motivos. En primer lugar, porque abre la puerta a los aislacionistas a clamar que Bruselas está imponiendo sus criterios sobre los sacrosantos principios de soberanía británica (en este caso, sobre los fogones).

En segundo término, porque dejaría al Reino Unido como mero ‘tomador’ de normas en cuya elaboración no ha tenido voto. En otras palabras, sería como estar, en términos regulatorios comerciales, en la UE, pero sin poder mandar nada en la UE. Y, finalmente, la posibilidad de que los ciudadanos de la UE volvieran a trabajar al Reino Unido, podría, al menos en principio, encender el atavismo Brexit más profundo.

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