BUENOS AIRES, 16 mayo.- El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a su nivel más bajo en las últimas dos décadas en medio del ajuste económico impulsado por el presidente Javier Milei, el aumento de precios y la pérdida del poder adquisitivo de millones de familias.

En la carnicería Los Palotes, ubicada en el tradicional barrio de Mataderos en Buenos Aires, el movimiento comienza antes del amanecer. Entre medias reses colgadas y pedidos mayoristas, el dueño del local, Jorge García, asegura que los hábitos de consumo cambiaron drásticamente durante el último año.

“La gente está cambiando a proteínas más baratas”, afirmó el comerciante de 73 años, quien explicó que debió incorporar pollo y carne de cerdo a su negocio debido a la caída en las ventas de carne vacuna.

Según datos de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, el consumo anual per cápita de carne vacuna descendió en abril de 2026 a 44,5 kilogramos por persona, frente a los 49,5 kilos registrados en el mismo período del año anterior. En 2006, el consumo alcanzaba los 63,4 kilos anuales por habitante.

La reducción coincide con una fuerte suba de precios. Actualmente, el valor promedio del kilo de carne vacuna en Buenos Aires ronda los 18.500 pesos argentinos, equivalentes a más de 13 dólares, de acuerdo con cifras del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina.

Especialistas atribuyen el incremento a una combinación de factores, entre ellos la reducción de retenciones a las exportaciones de carne aplicada en 2025, una mayor demanda internacional y una disminución en la oferta de ganado provocada por fenómenos climáticos como sequías e inundaciones.

“El precio de la carne vacuna en Argentina empezó a parecerse más al del mercado internacional”, explicó el consultor agropecuario Iván Ordóñez.

La menor disponibilidad de ganado también impactó en el mercado. Datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados indican que en febrero se faenaron 924.000 cabezas de ganado, un 10,7 % menos que en el mismo mes del año pasado.

Mientras tanto, el pollo y el cerdo ganan terreno en la mesa de los argentinos. Aunque ambos productos también aumentaron de precio, siguen siendo considerablemente más económicos que la carne vacuna. El pollo cuesta cerca de 4.900 pesos por kilo y el cerdo alrededor de 8.900 pesos.

“Hemos optado por comprar carne de cerdo y pollo porque la carne está muy cara”, comentó Ruth Simon, comerciante de Buenos Aires.

El economista Camilo Tiscornia señaló que el deterioro del poder adquisitivo es otro factor clave detrás de la caída del consumo. En febrero, los salarios de trabajadores registrados aumentaron apenas 1,8 %, mientras que la inflación mensual alcanzó el 2,9 %.

Desde su llegada al poder en diciembre de 2023, el gobierno de Milei implementó un severo recorte del gasto público y eliminó subsidios en servicios básicos como electricidad, gas, agua y transporte, medidas destinadas a combatir la inflación.

“Las familias deben pagar más por servicios que antes estaban subsidiados y eso reduce el dinero disponible para otros consumos, como la carne”, explicó Tiscornia.

En medio de este escenario, comerciantes como Jorge García buscan alternativas para mantener las ventas y adaptarse a la nueva realidad económica del país.

“La venta está lenta”, reconoció el carnicero. “Hay que adaptarse y vender lo más barato posible para que la gente pueda consumir”.

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