Vancouver, 23 de abril de 2026.- El primer ministro de Canadá, Mark Carney, dejó claro este miércoles que su país no aceptará condiciones impuestas por Estados Unidos en la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, prevista para julio, en medio de crecientes tensiones comerciales en América del Norte.

Carney respondió así a informaciones que apuntan a que Washington buscaría exigir concesiones previas para iniciar las negociaciones. “No es un caso en el que Estados Unidos dicte las condiciones. Tenemos negociaciones y podemos alcanzar un resultado exitoso para ambas partes”, afirmó ante la prensa.

El acuerdo comercial, que integra las economías de Canadá, Estados Unidos y México, enfrenta nuevos desafíos en un contexto marcado por la política arancelaria del presidente estadounidense, Donald Trump.

El mandatario canadiense reconoció la existencia de “irritantes comerciales” —políticas que generan fricciones entre socios— tanto del lado estadounidense como canadiense, pero insistió en que Ottawa acudirá a la mesa de negociación con una posición firme y estratégica.

Las tensiones se han visto alimentadas por críticas desde Washington, incluyendo las del secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, quien cuestionó medidas como las restricciones provinciales a la venta de licor estadounidense y los altos aranceles a productos lácteos.

Además, Estados Unidos ha mostrado preocupación por decisiones recientes del gobierno canadiense, como el acuerdo con China para reducir aranceles a vehículos eléctricos, lo que ha generado nuevas fricciones en el ámbito geopolítico y comercial.

Carney, sin embargo, defendió la necesidad de diversificar la economía canadiense y reducir la dependencia histórica de su vecino del sur. “Tenemos fortalezas, tenemos opciones. Estamos diversificando nuestras alternativas”, subrayó.

El primer ministro también reiteró su compromiso de proteger sectores clave como el lácteo, avícola y de producción de huevos, tradicionalmente sensibles en las negociaciones comerciales.

En paralelo, Ottawa impulsa políticas como “compre canadiense”, que priorizan productos y trabajadores nacionales en grandes proyectos, una estrategia que ha sido criticada por Washington.

La revisión del T-MEC se perfila así como una negociación compleja, en la que Canadá busca reafirmar su autonomía económica frente a Estados Unidos, en un contexto global cada vez más competitivo y volátil.

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