Washington, 2 de abril.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que su país completará sus objetivos militares en Irán en un plazo de “dos o tres semanas”, al tiempo que lanzó duras amenazas contra el régimen iraní, prometiendo ataques de “extrema dureza” que podrían “devolverlos a la Edad de Piedra”, en medio de una escalada bélica que ya supera el mes de hostilidades.
Durante un discurso de veinte minutos, el mandatario defendió la operación militar Furia Épica, ejecutada en conjunto con Israel, sin ofrecer detalles concretos sobre una posible intervención terrestre ni un calendario claro para el fin del conflicto. La ofensiva ha generado creciente preocupación por su impacto en la economía mundial, que se mantiene bajo presión ante el riesgo de una crisis energética global.
Trump afirmó que Irán intentaba reconstruir su programa nuclear en ubicaciones alternativas, lo que —según dijo— obligó a Washington a actuar con contundencia. “El régimen dejó claro que no tenía intención de abandonar sus ambiciones nucleares”, aseguró, al tiempo que advirtió sobre el desarrollo acelerado de misiles balísticos capaces de alcanzar territorio estadounidense, Europa y otras regiones del mundo.
El mandatario insistió en que permitir que Teherán accediera a un arma nuclear representaría una “amenaza intolerable”, y aseguró que el país se encontraba en el “umbral” de lograrla antes del inicio de los bombardeos.
Escalada militar sin hoja de ruta clara
Pese a fijar un plazo de dos a tres semanas para intensificar la ofensiva, Trump no aclaró si Estados Unidos desplegará tropas en suelo iraní, aunque el Pentágono ya ha movilizado miles de efectivos hacia Oriente Medio. Mientras tanto, aseguró que los contactos diplomáticos con Teherán continúan abiertos.
“Vamos a atacarlos con mucha fuerza”, reiteró, manteniendo una línea discursiva similar a la expresada en redes sociales y declaraciones recientes, lo que evidencia la falta de una estrategia definida sobre el desenlace del conflicto.
En paralelo, el presidente negó que el objetivo inicial fuera un cambio de régimen, aunque reconoció que la estructura de poder iraní ha sido profundamente golpeada tras la muerte de altos dirigentes, incluido el líder supremo Alí Jameneí. Según indicó, Washington mantiene ahora contactos con nuevas figuras del poder, como el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf.
El estrecho de Ormuz y la presión sobre el petróleo
Uno de los puntos críticos del conflicto sigue siendo el estratégico estrecho de Ormuz, clave para el suministro energético global. Trump minimizó el riesgo de bloqueo, asegurando que el tránsito marítimo se restablecerá de forma natural una vez finalicen las hostilidades.
“El flujo se abrirá por sí solo”, afirmó, argumentando que Irán necesitará exportar petróleo para reconstruir su economía.
El presidente también reconoció la preocupación de los ciudadanos estadounidenses por el aumento de los precios del combustible, atribuyéndolo a ataques iraníes contra petroleros. Según su visión, estos hechos refuerzan la necesidad de impedir que Teherán acceda a capacidades nucleares.
Tensiones con aliados y silencio sobre la OTAN
Las declaraciones se producen tras nuevas tensiones con aliados occidentales. Trump evitó mencionar directamente a la OTAN en su discurso, pese a haber amenazado previamente con abandonar la organización ante la negativa de varios países a participar en la operación militar.
Si bien agradeció el apoyo de Israel y de aliados del Golfo, lanzó críticas hacia los países que se han negado a involucrarse en el conflicto o a proteger el tráfico marítimo en la región.
En tono desafiante, el mandatario instó a estos países a comprar petróleo estadounidense y asumir un papel más activo en la crisis. “Irán ha quedado, en esencia, diezmado”, concluyó, reafirmando su postura de máxima presión en uno de los escenarios geopolíticos más tensos de los últimos años.







